Tal como lo adelantó MDZ en su nota del domingo, el arranque de la gira de Luis Miguel en la Argentina
no fue el esperado. Las 14 mil personas que asistieron al show mendocino –cifra oficial entregada por los
organizadores- distan mucho de las 20 mil esperadas (más si se tiene en cuenta que un espectáculo de estas
características ronda entre los 300 mil y 400 mil dólares en todo concepto).
Logicamente, la crisis económica mundial afecta los bolsillos y los mendocinos, en estos casos, sentimos
claramente que estamos insertos en un mundo globalizado.
Pero volviendo al recital, nada opacó la entrega del mexicano y mucho menos la pasión desenfrenada de sus
seguidoras.
Te quiero… lejos
Hay una cosa muy llamativa del artista y es que el único contacto que tiene con su público es tan sólo
desde arriba de un escenario.
En Mendoza se pudo comprobar –nuevamente- su hermetismo tanto con el público como con la prensa. Desde su
llegada al Park Hyatt, nadie tuvo la suerte de ver al artista en persona. Sus tres custodios personales
más los dos que le agregó la producción local lograron armar una barrera infranqueable incluso para los
mismos empleados del hotel.
Así, las exigencias clásicas de cualquier artista de este nivel pasan a sobredimensionarse porque esa falta
de contacto termina engrandeciendo ciertos detalles. Que el agua de Fiji, que el jacuzzi, que el aroma a
vainilla, que nadie lo mire a los ojos son pormenores que no tendrían que sobrepasar al hecho artístico.
Luis Miguel ha sido constante en su carrera en cuanto al trato con la prensa. Sólo habla, en una conferencia
con periodistas de todo el mundo, cuando lanza un disco. No más.
Antes de su llegada a la Argentina, desde la productora que lleva adelante sus shows se informó que en nuestro
país no tendrá ninguna clase de contacto con los medios. Y ese distanciamiento lo siente el público. Así,
llamó poderosamente la atención que durante su estadía en nuestra provincia no hubo ni una chica en la puerta
del hotel.
La distancia está puesta de manifiesto. Entonces, hay que darle demasiado valor a cada rosa que entregó al
público. Es un acto de amor muy grande.
Detalles
-Luis Miguel llegó en su avión privado acompañado por su asistente personal –una señora mayor-, su mánager y
los tres custodios personales.
-Se alojó en la suite presidencial del Park Hyatt Hotel. No se lo vio nunca. Cuando bajó de la habitación, fue
para subirse a la combi que lo llevó al estadio.
-Por contrato se exigió que en la playa de estacionamiento detrás del escenario no tenía que haber ningún auto
particular; sólo los camiones de la producción.
-El camarín de Luis Miguel era una carpa de dimensiones importantes. Cuando él sale rumbo al escenario no
puede haber nadie en ese lugar. Por allí, sólo camina el cantante y su asistente.
-Una vez que terminó el show, fue cubierto con toallones y subido a la combi que lo trasladó directamente
al aeropuerto, donde abordó su avión y partió rumbo a Buenos Aires.
-Los fotógrafos y las cámaras de televisión fueron ubicadas en el sector izquierdo del mangrullo donde
estaban las consolas de luces y sonidos, a más de cuarenta metros del escenario. Esta es una decisión de
la producción del artista. ¿Por qué? Porque a Luis Miguel no le gusta que le saquen primeros planos con
cámaras profesionales. Además, en la mayoría de las fotos el mexicano sale con su perfil preferido:
el derecho. El chico sabe caminar el escenario…