En el primero de sus cuatro recitales en el estadio de Liniers, el mexicano de los dientes
siempre blancos hizo a delirar a miles de fanáticas. Canciones del último disco, boleros y
clásicos redondearon una noche perfecta con localidades y suspiros agotados.
Hubo un tiempo en que Luis Miguel parecía haber perdido el rumbo. Fueron esos años de su carrera
en que se lo veía más redondo, demasiado bronceado -casi naranja- y muy pesado en el escenario
como para enamorar a alguien con su clásico pasito de baile, que consiste en pegar un fuerte
caderazo hacia el costado. Esa etapa oscura quedó definitivamente atrás en la vida de Luismi.
El cantante que se presentó anoche en Vélez, en el marco de la gira mundial "Cómplices 2008",
destiló elegancia y seducción de principio a fin. Delgado como desde hace mucho no se lo veía,
impecable en su traje azul y con una sonrisa enorme y blanca hasta encandilar, el mexicano
demostró una vez más porqué es el embajador indiscutido del romance hecho canción.
El show comenzó a las 21.30 con una apertura instrumental que precedió la aparición del ídolo.
La puesta en escena fue excelente, con tres pantallas gigantes, un ambicioso set de luces y
media docena de buenos músicos.
El hombre de la noche llegó unos minutos después, flotando entre los silbidos y gritos atronadores
de sus fanáticas, para cantar "Tu imaginación". Pero fue con el segundo tema, el clásico "Suave",
que Luis Miguel desató la euforia de su público, compuesto mayormente por mujeres de entre 30 y
45 años.
Hay que aclarar que la excusa de esta gira mundial es la presentación de "Cómplices", su último
trabajo discográfico, que a 20 días de su lanzamiento ya alcanzó la categoría "Diamante"
en México, superando las 400.000 copias, y “Triple Platino” en la Argentina, con 120.000
unidades vendidas.
Cual Elvis en versión latina, el mexicano regaló durante toda la noche -y pese al calor
sofocante- sus tres pasos más famosos: ese que flexiona los brazos como si estuviera haciendo
fuerza en un gimnasio; el que levanta la rodilla y parece peinarse el jopo en el aire y, por
supuesto, los conocidos caderazos laterales.
Después de enamorar al estadio con el tema "Tú y yo", Luismi saludó con el típico "Viva Argentina"
y decretó: "¿Qué tal si empezamos a bailar un poco?". Entonces arrancó "Si te vas" y, pegadito,
llegó uno de los momentos más altos del show, con el hit "Hasta que me olvides", que hizo corear
a todo Vélez los versos que dicen: "Hasta que me olvides, voy a amarte tanto tanto, como fuego
entre tus brazos...".
También hubo tiempo para los boleros, con "No me platiques" y para temas del nuevo disco, entre
los que destacaron "Si tú te atreves". En el escenario llovían besos, remeras, vinchas y algún
que otro corpiño. A tal punto llegó la histeria de las fans que casi se arma una batahola tremenda
cuando los camarógrafos de la prensa se subieron a una tarima para filmar el recital y fueron casi
apedreados por las chicas que estaban atrás.
El comentario más escuchado de la noche entre las admiradoras de Luis Miguel fue: "¿Viste que flaco
que está?". Porque la verdad es que el ídolo estaba en gran forma, casi igual a ese jovencito
rubicundo que actuaba en el video playero de "Cuando calienta el sol"; o al que aparecía envuelto
en un tapado de piel, en el clip del tema "Entrégate", filmado con Verónica Varano en Bariloche.
Ya en el final, Luismi hizo bailar a las chicas con el histórico "Será que no me amas", que se
baila en todos los casamientos con el gesto de manos que invoca a la noche, la playa y la luna.
Así, a puro ritmo, el mexicano encantó una vez más a su público argentino, que lo vió por última
vez en 2005 en este mismo estadio.
La gira mundial “Cómplices 2008” también llevará a Luis Miguel a las ciudades de Córdoba y Rosario,
en donde se presentará los días 2 y 3 de diciembre, respectivamente, con localidades agotadas
desde hace varias semanas.