En Las Vegas, la ciudad donde el pecado es legal, donde Frank Sinatra controló hoteles y casinos
junto al Rat Pack, y donde un Elvis obeso remató sus últimas temporadas de gloria, Luis Miguel
se reencontró con la mejor de sus virtudes: en una serie de shows iniciada el 12 de septiembre
en el coliseo del Caesars Palace, el cantante mostró el espectáculo más diverso y relajado de
sus últimos años.
Un triunfo que desde un principio obtuvo por KO. El sitio era un hervidero formado casi
exclusivamente por mexicanos que llegaron para conmemorar su mes patrio. La noche del
sábado 13, el artista apareció a las 21:30 horas, precedido por un evocativo collage de
imágenes de toda su carrera que proyectaban las tres pantallas gigantes del escenario.
La primera señal de que la cita estaría cargada por cierto nervio emotivo que antes
escaseaba en los conciertos de “El sol”.
Vestido de traje negro, con una corbata naranja a rayas y un jopo que sepulta el relamido
look Sinatra que presentó el año pasado en la misma ciudad, Luis Miguel despacha “Tu imaginación”.
Un bocado de su último disco, “Cómplices”, el motivo del tour que también lo llevará a otras
ciudades de EE.UU., República Dominicana, Puerto Rico, Argentina y Chile. Fuegos explotan en
las pantallas y su banda, formada por nueve músicos y tres coristas, suena impecable.
Luego, un saludo a sus años de playa y juventud con “Suave” y “Tú y yo”. Ahí se suelta la
corbata, detona el primer griterío de la jornada y dice: “Qué enorme estar aquí. Vamos a
tener de todo, pop, boleros, baladas, mariachis…”. Su frase da en el blanco: los boleros,
el trozo más esencial de su discografía en los últimos 17 años, sólo ocupa un sitial secundario,
para darle paso a canciones más movidas y bailables. Después retoma con “Si te vas”, “Hasta
que me olvides” y “No sé tú”, para engancharlas con un mix que incluye “Inolvidable” y “Bésame mucho”
en versiones más apuradas, con un leve toque de estilizado pop.
Primer intermedio y reaparece sin corbata y con camisa blanca. Ahí se lanza con “Te necesito”
y, en mitad del tema, suelta un particular fraseo hip hop al cantar “Te necesito/ como el cielo
a las estrellas/ y el invierno al frío”. Aunque su voz se mantiene intacta, demostrando que
como intérprete casi no tiene rivales en el ámbito latino, sus tonos son más altos y golpeados
que lo habitual.
El público se entrega rendido y tiene su regalo en “O tú o ninguna”, cuando “Luismi” toma un
par de rosas blancas y se las regala a las fans de las primeras filas. En la histeria, un par
de seguidoras se desesperan y corren al escenario para intentar obtener algo del trofeo. Los
guardias la atajan con velocidad. Pero el héroe está listo para salvarlas: Luis Miguel hace
un gesto de relajo y pide que una de esas fanáticas pueda subir igual al escenario a saludarlo.
Misión cumplida.
¿Más obsequios a sus devotos? El artista cuenta que la primera vez que actuó en Las Vegas fue
cuando tenía 15 años y era un adolescente. “Uuuuuuuuuh”, responde el público para simbolizar
el paso del tiempo. “Si si, hagan la del lobo: uuuuuuh”, contraataca “El sol” con ternura.
Luego de algunos temas de su última producción, como el single “Si tú te atreves”, once
mariachis saltan a escena y despachan un extenso set de tributo a las celebraciones patrias
de México. Pasan “Mucho corazón” y “De qué manera te olvido”, entre otras. Para el final se
reserva su estampa más veraniega (camisa roja abierta) y el funk de salón de “Qué nivel de mujer”.
Dos horas de show, casi una treintena de canciones, un sofisticado despliegue tecnológico
y un Luis Miguel algo más espontáneo que la cuidada imagen en que construyó su historia.
¿Seguirá así durante el resto del tour? ¿Será la paternidad? ¿Su acercamiento a los 40 años?
Da igual la razón. El reinado de “Luismi” en el mercado latino se mantiene sin contrapesos.