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TOUR 2007

8.000 historias de amor con Luis Miguel
Diario de Granada
04/28/2007

Blanca Durán. GRANADA. No hizo falta ni que comenzase a cantar. Una primera sonrisa bastó para dar la más calurosa bienvenida a uno de los artistas latinos más importantes de todos los tiempos. El hermetismo que había rodeado la estancia del divo en Granada los últimos días quedaba ya a un lado para dejarle todo el camino abierto al cantante y, sobre todo, al hombre. Y es que, para regusto de las 8.000 personas que abarrotaban el Palacio de Deportes, quien estaba sobre el escenario era Luis Miguel. Por fin, Luis Miguel.

Admirado por unos, adorado por muchos más y prácticamente con la misma cara traviesa con la que empezó a enamorar a las jovencitas mexicanas hace veinticinco años, Luis Miguel arrancaba oficialmente a ritmo de Qué nivel de mujer su esperada nueva gira mundial y servía el aperitivo de todos los bailes y momentos para el amor que estaban por venir. El espectáculo, el romanticismo y la nostalgia con sabor a tequila estaban ya servidos.

Luis Miguel sabe pisar los escenarios con la fuerza de muy pocos. Impecablemente vestido con traje negro y camisa blanca, el artista mexicano dejó claro desde los primeros compases que su propuesta trasciende los cánones de un show tradicional.

El concierto se empezó a calentar al ritmo de medley con algunas de sus canciones más animadas: Sol, arena y mar y Suave fueron los primeros testigos de toda la música que ha acompañado su carrera y que protagonizó el recital. Una numerosa banda con músicos de primerísimo nivel fueron su contrapunto para arrancar por igual los inagotables piropos de adolescentes, treintañeros y parejas maduras. Y es que veinticinco años de carrera dan para enamorar y hacer que se enamoren muchas generaciones.

“Qué público tan bello. No podía iniciar mejor esta gira en España que con el público de Granada. Estoy encantado de estar con ustedes y espero que pasemos todos un buen rato juntos con un poco de lo que han sido estos últimos veinticinco años”, saludó enérgicamente Luis Miguel. Le correspondieron con piropos, aplausos y demasiados “cásate conmigo, guapo”.

Usted es la culpable, La barca –con la que cedió la voz al público–, El día que me quieras, La historia de un amor, Nosotros, Por debajo de la mesa o Bésame mucho sonaron al mismo tiempo que sobre el escenario se regalaban poses, sonrisas e instantes que invitaron a más de uno a rodear con el brazo a su pareja. No resulta extraño. Luis Miguel ha sido el culpable de rescatar los grandes boleros de la historia de la música y ha sabido como pocos envolverlos de gracia y encanto para los más jóvenes. Y tanto lo ha hecho y durante tantos años que mientras Luis Miguel cantaba No sé tú apoyado en las escaleras del escenario, un chico no pudo evitar arrodillarse entre el público pedirle matrimonio a su novia. ¿La respuesta? Inevitablemente sí.

El público siempre ha sido el más fiel acompañante de Luis Miguel desde que empezó en esto de la música con apenas doce años. Por él ha vendido más de cincuenta millones de discos en todo el mundo y por él ha sido nombrado como uno de los artistas latinos más influyentes en la escena internacional. Pero su “México lindo” siempre ha ocupado un lugar tan protagonista en su corazón como en su carrera; y a él y a la belleza de las mujeres de su tierra le quiso dedicar un cantar rodeado por una docena de mariachis.

Discos en directo, duetos con algunos de los mejores cantantes del momento, versiones que van desde Frank Sinatra hasta Michael Jackson y nueve Grammys entre otras muchas estrellas jalonan la carrera de uno de los artistas más imitados en todo el mundo que, sobre el escenario, demuestra las razones por las que sigue en lo más alto después de tantos años.

Los momentos finales de un concierto de dos horas que supo a poco para el público terminaron con la música al máximo volumen. Todo para recordar la magia que Luis Miguel conserva intacta para retorcerse en el escenario con sensuales movimientos y patadas al aire que lo convirtieron en el rey indiscutible del pop latino en los años noventa. Una lluvia de serpentinas con los colores de la bandera mexicana despidió en el escenario el brillante pistoletazo de salida de su gira. Le esperan aún una docena de paradas más en España y Venezuela. Testigos privilegiados del debut, sólo cabe esperar ya todos los nuevos romances que nacieron anoche al compás de un bolero.

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