
Luis Miguel llegó, cantó e hizo delirar a la multitud. No dijo una sola palabra sobre el faltazo del miércoles, pero se mostró comunicativo y de excelente
humor y les agradeció a sus seguidoras por tantos años de cariño incondicional.
Comentarios y especulaciones de todos colores se escucharon en la previa del show. Algunos defendían acaloradamente al cantante por su obsesión con el sonido y
lo disculpaban por la reprogramación. Otros estaban más preocupados por adivinar su humor y rogaban que aunque sea les dedicara unas pocas palabras, y todos, o
la gran mayoría, despotricaban contra los medios de comunicación que habían osado referirse a la incipiente pancita del cantante. Eso sí, contra todo pronóstico,
todas aplaudieron cuando apareció la novia de Luismi, la modelo polaca Kasia, que se sentó adelante y ofició de primera dama entre las fans. Sonriente, se dispuso
a cuanta selfie le pidieron.
Por lo menos dos cosas podían ocurrir anoche: si la platea cordobesa tenía suerte, disfrutaría de la versión más comunicativa y entusiasta del cantante, aquella
que mostró en Las Vegas en el comienzo de la gira The hits tour, que lo trajo por aquí. Pero claro, también existía la posibilidad de encontrarse con el Luis
Miguel parco y malhumorado que pasó por Buenos Aires y que abandonó el escenario en dos ocasiones, ofuscado por los problemas de sonido.
En cualquier caso, las casi seis mil personas (casi todas mujeres) que poblaron el Orfeo iban a disfrutar del recital más allá de todo. Bastaba echar un vistazo
para detectar a las más fieles seguidoras del artista, esas que desde hace años siguen una consigna a rajatabla: vestirse con algo rojo para demostrar el cariño
incondicional a su ídolo. Y vaya si llamaron la atención, el rojo lo inundó todo. Nada podía salir mal esa noche.
Que comience el show
Finalmente, con 30 minutos de retraso de la hora esperada, Luis Miguel pisó el escenario del domo y lo recibió una ovación. De impecable traje negro y camisa
blanca, el cantante apareció en el escenario con excepcional humor, y detrás de él una pantalla se impuso como puesta en escena, aunque poca importancia
tuvieron la decoración y las proyecciones con el Rey allí, llevándose todas las miradas.
Cautivadas desde el minuto uno, todas acompañaron a su ídolo en el primer tema de la velada, ¿Quién será?, y a partir de ese momento se sucedió una interminable
lista de hits que demostró que no hace falta disco nuevo ni alto perfil para mantener la popularidad, sino echar mano a viejas canciones e interpretarlas con la
eficacia que solo él logra.
El cantante se despachó con varios popurrís a lo largo de la noche. El primero incluyó temas como Tú, solo tú; Dame tu amor; Sol, Arena y mar y Suave. Todos,
coreados invariablemente por las fanáticas y acompañados por gritos intensos.
Como no podía ser de otra manera, no faltaron las indicaciones para que el técnico de sonido bajara o subiera alguna perilla, pero siempre discreto y manteniendo
su sonrisa de dientes perfectos.
Gracias totales
Alternando momentos más movidos con otros románticos, Luis Miguel caminó el escenario de una punta a la otra, luciendo de a ratos sus mejores pasos de baile.
Sin hacer comentarios sobre los cambios de fecha que generó la suspensión de su vuelo el miércoles, el cantante rompió su habitual silencio para agradecer la
fidelidad del público cordobés."Gracias por estar conmigo esta noche. Nos ponemos algo románticos, ¿quieren?", y se despachó con Que tú te vas y una seguidilla
de temas lentos enriquecidos por las voces de miles de coristas apasionadas.
Luis Miguel no sólo fue pura sonrisa y buena onda anoche, sino que además se esmeró en interactuar con sus seguidoras con guiños, miradas fijas y señas que
aceleraron el corazón de las pocas elegidas que estaban adelante y la envidia sana del resto.
Dos postales: la luz que emanaban las pantallas de los celulares del público cuando las luces se apagaban, y el mar de globos rojos que el club de fans de
Luis Miguel se encargó de repartir a la entrada.
Con Te propongo, el Orfeo explotó y una lluvia de papelitos lo cubrió todo. Deja vu y Labios de miel fueron los temas elegidos para el cierre de una noche
perfecta, en la que se pudo ver a Luis Miguel en su mejor versión.
