Anoche, una hora y cuarto después del horario pautado originalmente, en el club Liniers, Luis Miguel cumplió con el sueño de muchos:
su primera cita con el público bahiense.
Un número aproximado de 6.000 personas --mayoría femenina por lejos-- se congregó en el estadio Alejandro Pérez y debió esperar
hasta las 23.15 para empezar a corear las canciones del ídolo mexicano, un indiscutido del mercado musical mundial.
Impecable en sus registros vocales, sensible en sus interpretaciones, con sus clásicos saltos con estilo, el azteca se presentó
en el escenario minutos después de las 22 y encendió a los seguidores con un repertorio en el que incluyó sus éxitos de todos
los tiempos más algunos temas de su último álbum Labios de miel.
La expectativa se había despertado temprano a las puertas del campo de fútbol donde la fila comenzó a formarse cuando siquiera
calentaba el sol.
A varias cuadras de distancia, en el céntrico hotel Land Plaza, el cantante descansaba desde la 1.20 de la madrugada.
Entonces, mientras casi todos dormían, llegó a la ciudad del mismo modo en que se fue, trasladado por una caravana de poderosos
automóviles, custodia policial y un halo de misterio que jamás lo abandonó