
El cantante les recordó a muchos por qué es una de las voces más integrales del panorama musical
Son pocas las estrellas que gozan de las cualidades del Sol. La luz que irradia y la energía que despide lo hacen
imprescindible para los seres humanos. Ese astro de brillo no deja indiferente a nadie, menos cuando sus propiedades
se transparentan en un artista conocido como “El Sol de México”.
Luis Miguel, una vez más en su prolífica carrera de casi 30 años, demostró anoche la razón por la que tantos suspiran
ante su voz. Su figura y talante tienen mucho ver, lo que se evidenció cuando las luces se apagaron en el Coliseo de
Puerto Rico José Miguel Agrelot para develar su presencia.
Y es que en cuanto entró a la tarima, la audiencia entremezcló vítores y aplausos de cara al recital que forma parte
de la gira “Tour 2011”. Pautado para comenzar a las 8:30 p.m., el concierto inició a las 9:00 p.m. ante un público que
ocupó la modalidad mediana del Coliseo.
Mirando a todas partes, sonriente, bailando y con el arma de su voz al son de “Te propongo esta noche”, Luis Miguel
acaparó la atención de todos. El tema “Suave” fue el segundo que el artista interpretó exhibiendo la comodidad y la
sensualidad que han matizado su propuesta.
Elegante con traje negro, camisa blanca y corbata, “Con tus besos” demostró a un artista que no teme encandilar con
su capacidad vocal y la personalidad que entrega en el escenario.
“Muy buenas noches, San Juan. Buenas noches, Puerto Rico. Gracias por hacer posible estar juntos y el permitirme el
privilegio enorme que significa hacer lo que más a uno le gusta: cantar”, saludó simpático y conversador, agradeciendo
la presencia de quienes se dieron cita anoche y también a sus músicos.
Acto seguido, Luis Miguel propuso en tono divertido: “¿Qué tal si medimos la pasión?” Para ello, un medidor se proyectó
en la pantalla central que, de inmediato, marcó la intensidad máxima gracias a los gritos, aplausos y el ruido que
muchos provocaron.
“Voy a cantantes un poco de todo, ¿les parece? ¿Tienen ganas de cantar, de bailar, de qué más tienen ganas?”, preguntó
sin rodeos, haciendo alarde de su picardía. La misma que ha cultivado con el tiempo, desde que comenzó su trayectoria
a los 12 años con su primer disco.
El tema “Tres palabras” siguió, pero fue en “La barca” cuando el público cantó sonoramente junto al artista, lo que
significó un deleite para él a juzgar por su mirada emocionada. “Volver”, “Come Fly with Me” -interpretada junto a
Frank Sinatra, quien lo acompañó desde la pantalla- y “O tú o ninguna” trajeron consigo la complicidad del cantante
con sus fanáticos.
Un popurrí de temas ocupó la voz de la audiencia con “Palabra de honor”, “Entrégate”, “La incondicional” y “Un hombre
busca a una mujer”. En ellos y durante todo el concierto, fue evidente la energía a borbotones que destilaban la banda,
las coristas y el artista mexicano.
Fue en el marco de “Te necesito”, que el cantante obsequió rosas blancas a unas afortunadas de las primeras filas
para entonces cambiar su atuendo. Con camisa negra abierta, en una tónica menos formal, llegaron temas como “No
existen límites” y “Mujer de fuego”.
De la mano de éxitos como “Ahora te puedes marchar”, “Cuando calienta el sol” y “Será que no me amas”, el tono
romántico que tanto distingue a Luis Miguel se volcó en los ritmos que encandilaron a algunos que no dudaron en
pararse de su asiento y bailar.
Después de una falsa salida, el intérprete retornó al escenario para cantar “Labios de miel” y dejar claro que,
al menos anoche, era un hombre que distaba mucho de la personalidad enigmática y huraña que se le atribuye. Dijo
las buenas noches por última vez, lanzando camisetas de la gira en una despedida de fiesta musical.
Así las cosas, Luis Miguel develó un repertorio que incluyó canciones de su más reciente trabajo discográfico
“Labios de miel” y, por supuesto, los temas que se han convertido en la marca de una carrera que se ha nutrido
-con sorprendente versatilidad- de boleros, rancheras, baladas y música pop.