Estoy escuchando la elocuencia de Josefina Vázquez Mota cuando suena el teléfono, salgo del auditorio del Complejo Cultural
y mi compañera me da la noticia: Mario quiere que vayamos a cubrir el evento de Luis Miguel, ya tengo las acreditaciones!!!
Dejo mi coche en el estacionamiento de Angelópolis, cruzo la avenida y camino hasta la Ibero. Kika me da un boleto VIP.
Esperamos a otro compañero de Sexenio Puebla y nos lanzamos a búsqueda de nuestros lugares para disfrutar la presencia
Luismi.
Hay una larga fila ansiosa por entrar, miles de personas se aglomeran, se desesperan, se molestan. Todos quieren llegar,
parece un tropel de búfalos sedientos. Entonces empiezo a preguntar:
¡Qué estupidez! –dice un chilango que vino desde México. –Pagué más de siete mil pesos por ver a Luis Miguel y todavía
me mandan a formar.
Luis Miguel es mi ídolo–dice Erik, un niño de nueve años, que camina de la mano de su madre.
Avanzamos lentamente, resignados, algunos vivales quieren colarse pero la gente protesta y no los deja. Aplicamos una
democracia ateniense. Todos somos iguales, nadie pasa.
−Estamos haciendo el tour de la Ibero–dice otro grupo de muchachas que viene de Tlaxcala.
−A mi amigo le tocó sentarse junto a la maestra que viene bien peda, –comenta un estudiante. Así seguimos avanzando,
lentos pero contentos. Luego encuentro a Ernestina y a Citlali, dos compañeras de trabajo. La fila se divide. Hay una
revisión para los hombres. Levante las manos! No sé por qué me da un escalofrío. Son las 8:30, hemos caminado más de
media hora.
Ya en nuestro lugar, primera fila, vemos como empiezan a llegar algunos funcionarios. Marcelo García Almaguer, traje gris,
camisa negra, viene acompañado de don Gerardo Islas; ambos nos saludan; Blanca Jiménez se acerca, los abraza. En la espera,
le pregunto a don Gerardo sobre la cabalgata en Valsequillo, él me cuenta de su rancho, de su escuela de charros y de cómo
ayudan a los niños con discapacidad aplicando equinoterapia.
A las nueve en punto llega el gobernador, pasa con su esposa delante de nosotros. Buenas noches, señor! –solo alcanzo a
decir.
9:40 Se escucha un alarido tremendo en el estadio, más de diez mil gargantas anuncian la aparición del Sol!!! Luis Miguel
canta Te propongo. Y la Ibero se prende en una llama de emociones; todos de pie reciben al Enviado, todos lo alaban, todos
lo quieren alcanzar con la punta de los dedos. Termina una canción y empieza otra. Son tres palabras solamente mis
angustias…
Una muchacha linda de blusa roja y chamarra negra grita desaforada: ¡Eres un dios, te amoooo!!! Dicen que la distancia es
el olvido… La voz del ídolo fluye deliciosa, enamora el oído de las féminas, las enloquece, las arrastra a una pasión
desconocida.
Otra chica se contonea al ritmo de la música, abraza a sus tres amigos, festeja al ídolo. Hay una efervescencia que
contagia. El gobernador, de saco verde, camisa blanca, da un trago a su coca, sonríe, pero conserva la mesura.
9:53 Luis Miguel gesticula, canta, conmueve, en una fuerza de agua cristalina que arrastra multitudes. Te voy a olvidar.
Canta pero no olvida a Puebla. Palabra de honor…
9:57 La bella que está detrás de mí se levanta, hace como que toca la guitarra, luego pide algo de beber al mesero.
Túuuuuu, la incondicional… Y el pueblo explota con una algarabía de cascabeles. Al finalizar esa canción, Luismirey se
despide como si metiera un gol.
10:04 Se escucha otra canción, la dama que está a mi lado me dice que es “Cuestión de piel”, yo miraba como Martha Erika
Alonso se ponía de pie, jalaba al gobernador para que la abrazara por la espalda y ambos bailaron al ritmo del deseo.
Festivo, Almaguer aplaude; le da un micrófono de plástico a la primera dama y ella imita al cantante.
10:09 El Sol descansa, toma una copa de agua, limpia su boca, y vuelve a la carga. Es una noche para disfrutar.
10:11 Llega Pamela al grupo, Gerardo Islas, hijo, la recibe encantado. Ella saluda a Alex Bastieri, hermano de Luis Miguel,
luego a los inquilinos de Casa Puebla.
10:15 Luis Miguel regala unas rosas a su público. Cientos de manos se levantan.
Luego de un descanso, aparece deslumbrante con un saco azul. Cómo están en Puebla? Entonces se acerca a nosotros, puedo
verlo, arrogante, frenético, ensimismado. Luego se va hacia el centro, hace un giro y echa su saco atrás, con ese movimiento
que lo caracteriza.
Llega un momento en que me pierdo es ese ir y venir de sonidos y luces, en esa ráfaga de luz que deja el cantante cuando
avanza, miro hacia atrás, todos están de pie, festejando a su ídolo.
10:34 ¡Si tú me hubieras dicho siempre la verdad…! Estalla la locura, la Ibero se vuelve un carnaval, el paraíso está
cerca de las manos. Si no supiste amar…
Desafortunadamente tuvimos que salir antes de tiempo. Había que escribir la crónica del concierto.