Hacía mucho tiempo que no pisaba estas tierras. Y ya le tenían ganas. Nueve mil personas agotaron el aforo del Palacio de los
Deportes Martín Carpena -en algunos casos con entradas que superaban los 180 euros- para ver y oír al rey del bolero y la balada
romántica. Luis Miguel, por supuesto. Fue una noche con mucho 'amor' en las letras de las canciones y en el público, que no
escatimó esfuerzos -ni voz- para dejarle claro que aquí le quieren. Y él... se dejó querer.
«Es un placer estar con ustedes después de tantos años. Un saludo cariñoso a todos», dedicó al Carpena, sector por sector: a
los del fondo, los de la derecha, la izquierda... Y los espectadores -muchas mujeres y mucho acompañante-, encantados de que
por un segundo su ídolo se dirigiera a ellos.
El Sol de México arrancó el recorrido musical de su vida con media hora de retraso y una sugerencia que nadie pudo rechazar:
'Te propongo esta noche'. Tiene 42 años -muy bien llevados según el respetable- y desde poco más de los diez está encima de
un escenario. Se nota. Sabe a la perfección cómo llevarse de calle al público con sus gestos: abriendo los brazos, levantando
las manos... o simplemente acariciando el botón de su chaqueta. Ese simple movimiento desata la locura. Y mucho más si se le
ocurre hacer como que toca la guitarra. El éxtasis. «¡Qué bello poder estar visitando ciudades tan hermosas y con un público
así!», exclamó.
Como corresponde a un concierto de estas características, hubo desmayos que rápidamente fueron atendidos por los sanitarios.
Hacía mucho calor -demasiado- y miles de personas se concentraban en el centro de la pista. Y como también manda la tradición,
hubo regalos para la estrella: peluches y flores. Ellos protagonizaron la anécdota divertida de la noche. Cuando por fin el
artista se 'arriesgó' a acercarse -sin bajarse de las tablas- a la primera fila del Carpena para recoger sus presentes, un
seguridad (de dos por dos, sin exagerar) salió corriendo de una esquina para colocarse a su espalda y sostenerle desde el cinturón.
No vaya a ser que alguna chica desatada tirara de él... Y le hizo trabajar, porque eran muchos los ramos y juguetes que el público
de Málaga le tenía preparado al mexicano. Algunos hasta los cazó al vuelo. Está entrenado. Y por eso mismo, convirtió el escenario
en un fuerte con un amplio despliegue de seguridad a su alrededor.
Romántico y marchoso
El artista les devolvió el detalle con miradas, saludos y canciones de todos los colores. Repertorio le sobra. Se puso «romántico»
con 'Tres palabras', 'Somos novios', 'El día que me quieras', 'No se tú' o 'La distancia'. Impresionante escuchar al Carpena
interpretando a coro este último tema. Luis Miguel solo tenía que poner el micrófono a los espectadores y ellos hacían todo lo
demás. Sacó su lado más marchoso, con un sexy movimiento de caderas y paseos de un lado a otro de la tarima, con 'Suave' y
'Bésame mucho' en versión movida y con un intenso juego de luces. Incluso se puso emotivo con 'Come fly with me', tema que
cantó a dúo con Frank Sinatra, al que recordó desde las tres pantallas gigantes instaladas en el recinto.
Interpretó clásicos y actuales, pero el mexicano no tuvo inconveniente en remontarse casi treinta años atrás y recordar temas
que en su día interpretó con voz adolescente, como 'Decídete', 'Los muchachos de hoy' o 'La chica del bikini azul'. Tras el
momento 'revival', llegaba la despedida. 'Labios de miel' dejaba a los espectadores con buen sabor de boca.