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Luismi, en todos los detalles de su show

www.rionegro.com.ar
12/05/2010

NEUQUÉN (AN).- Nadie lo supo, nadie lo vio. Pero Luismi estuvo en esta ciudad desde el miércoles pasado. Se alojó en una lujosa habitación del hotel del Casino Magic y allí permaneció oculto hasta la noche del viernes, cuando se subió al escenario del Portal Patagonia para un show sin precedentes.

Los organizadores contaron que arribó tres días antes y "dicen que en algún momento bajo al casino a jugar unas fichas a las maquinitas; pero eso no se confirmó, son sólo rumores", contaron.

¿Por qué vino tres días antes?, nadie puede anticipar una respuesta. Pero lo que sí se sabe es que el artista mexicano estuvo (como ya es una costumbre desde hace treinta años) en todos los detalles de su show, desde el montaje del escenario hasta que las luces se apagaron definitivamente en el estadio montado en el predio de Saavedra y Luis Beltrán. Incluso monitoreó cada rincón del predio y pidió a través de su gente modificar la disposición de alguna cartelería que rodeaba las tribunas.

Que pide toallas blancas y negras, agua de las islas Fidji y comida especial en su camarín, puede que sea más mito que realidad. Pero lo que sí fue cierto fueron algunos requisitos que el "Sol de México" pidió para su presentación en Neuquén.

Para la prensa hubo una disposición especial. Fotógrafos y camarógrafos fueron ubicados en un espacio dispuesto frente al escenario, a aproximadamente unos veinte metros de distancia. Sólo pudieron fotografiar y filmar al ídolo durante el transcurso del primer tema y luego deberían retirarse y guardar los equipos. Por lo general, los artistas dejan que los retraten durante tres temas.

Sobre el escenario, a los costados se emplazaron dos pantallas de veinte pulgadas donde se podía apreciar lo que se proyectaba en las tres pantallas gigantes ubicadas a los costados y detrás del escenario. En esos monitores, Luismi controlaba que todo saliera a la perfección.

La seguridad personal, fue un tema aparte. Trajo a sus propios custodios, que no sólo lo custodiaron detrás y sobre el escenario, sino que controlaron celosamente todo lo que sucedía en las tribunas. Con los brazos cruzados en el pecho, parados de frente a la gente, los hombres de riguroso negro, escudriñaban todo lo que sucedía con las miles de almas que bailaba, saltaban y gritaban en las gradas.

La parte más dura les tocó a los dos custodios que lo acompañaron sobre el escenario. Cuando Luismi se agachaba para trozar una de las tantas manos que se alzaban para saludarlo, el guardaespaldas lo tomaba de la parte de atrás del cinturón para sujetarlo, clavando la mirada en la multitud de chicas. También tuvieron que sostener los innumerables ramos de flores que sus fanáticas le entregaron.

Durante las casi dos horas de show se lo pudo ver a Luis Miguel pendiente de tres cosas: lo que estaba cantando; lo que pasaba con la gente, y como iba desarrollándose técnicamente el recital.

Con esto muchos podrían decir que Luismi es un obsesivo, pero lo cierto es que esa "obsesión" hace que sus recitales no tengan fisuras. La noche del viernes se pudo disfrutar de un espectáculo creado desde la perfección, que superó todas las expectativas y lo más importante valió lo que costó.

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