Lo que mata es la humedad. La tradicional frase la sufre María Entraigues en su reciente llegada al
país, aunque ese rasgo distintivo de la identidad porteña sea una nostalgia permanente para ella,
una sensación que la acompaña por el mundo y que se vivencia aquí, en la terraza del Sheraton,
hospedaje momentáneo del staff que acompaña a Luis Miguel. “Me había olvidado de lo que se vive
en Buenos Aires con el clima”, suspira. Es que la corista que llegó para acompañar a Luismi en
sus conciertos es argentina, vive en Estados Unidos desde hace 17 años y salió de gira con el
astro mexicano en su tour “Cómplices”, con el que recorrieron toda América y parte de Estados
Unidos. Pero a pesar de la distancia, siempre tiene un tiempo para acercarse hasta estas tierras
para visitar a su familia.
“Sin dudas, es el mejor cantante de habla hispana con el que me tocó compartir escenario”, elogia
la corista, y suena sincera a la hora del halago. No deja de sorprenderse ante las cualidades
artísticas de “El Rey”, de quien afirma que siempre tiene algo más para dar arriba del escenario.
“Tiene un recurso más para llegar a lugares donde la mayoría de los cantantes no llega”, dice la
rubia, y no es ninguna improvisada a la hora de evaluar, ya que compartió giras y sesiones de ensayo
con Ricky Martin, Enrique Iglesias, Alejandro Sanz, Sin Bandera, Alejandro Fernández, Gloria Estefan
o Alejandro Lerner. “Luis Miguel está desde chico arriba de un escenario, y lo único que hizo en su
vida fue mejorar; el tipo es como Gardel, cada día canta mejor. Y no es broma ni exageración”.
El acercamiento de Entraigues con la troupe del astro mexicano se dio como por decantación. Es que
el equipo de músicos que acompaña a la estrella reside también en Los Ángeles, y la cercanía física
sumada al currículum de la argentina se convirtió en inevitable cercanía laboral. “Antes de esta
convocatoria me había cruzado un par de veces con él y apenas nos habíamos saludado”, reconoce.
De la historia personal de Luis Miguel no se dirá mucho, apenas que no es tan hosco como se dice
ni tan huraño como se comenta, que es “un caballero” y que jamás tuvo ni una insinuación ni con
ella ni con su compañera de coros. También revelará que tanto tiempo arriba de un avión y dentro
de una habitación de hotel hace perder la noción de tiempo y espacio. Todo se reduce a la vista
de una ventana. “Lo que hago apenas llego a una ciudad nueva es sacar una foto con mi camarita;
ésa es la imagen que atesoro de ese lugar”.
Entraigues repasa su historia a toda velocidad, como flashes. Se remonta a su beca en la Universidad
de Berkeley, a esos primeros tres meses norteamericanos que se transformaron en 17 años. Del mismo
modo relata como, sin ningún esbozo de timidez, arrimó un casete propio al mánager de Chaka Khan,
una especie de leyenda del jazz. A los tres meses recibió un llamado para sumarse a la crew de la
cantante. Ese desenfado le sirvió para presentarse a la audición de la trunca película que Oliver
Stone tenía pensado filmar sobre Evita. Quedó seleccionada en el casting, pero desilusionada mil
por mil al no concretarse el rodaje. Pero de toda experiencia mala queda algo bueno, dicen, y en
el caso de la cantante argentina fue su radicación en Los Ángeles, meca del show bussiness artístico.
Casada con el también músico Ruy Folguera, esa mudanza definitiva los acercó a trabajar para la
industria cinematográfica. Su carrera está ligada de manera íntima al cine, ya que cantó y compuso
temas para filmes donde actuaron Woody Allen, Keanu Reeves, Madeleine Stowe o Alyssa Milano.
Incluso ha ganado varios premios, pero esta gira es un reconocimiento especial a su carrera.
A horas de subir al escenario, reconoce: “Estoy ansiosa, nunca canté en Vélez”.