Luis Miguel es como Gardel, cada día canta mejor

Por Nacho Sánchez / revista7dias.com / Foto: Nacho Sánchez
La corista de Luismi es argentina, vive en Los Ángeles y compartió escenario con los
mejores cantantes del mundo, aunque reconoce que el mexicano es “el mejor de todos”.
11/28/2008

Lo que mata es la humedad. La tradicional frase la sufre María Entraigues en su reciente llegada al país, aunque ese rasgo distintivo de la identidad porteña sea una nostalgia permanente para ella, una sensación que la acompaña por el mundo y que se vivencia aquí, en la terraza del Sheraton, hospedaje momentáneo del staff que acompaña a Luis Miguel. “Me había olvidado de lo que se vive en Buenos Aires con el clima”, suspira. Es que la corista que llegó para acompañar a Luismi en sus conciertos es argentina, vive en Estados Unidos desde hace 17 años y salió de gira con el astro mexicano en su tour “Cómplices”, con el que recorrieron toda América y parte de Estados Unidos. Pero a pesar de la distancia, siempre tiene un tiempo para acercarse hasta estas tierras para visitar a su familia.

“Sin dudas, es el mejor cantante de habla hispana con el que me tocó compartir escenario”, elogia la corista, y suena sincera a la hora del halago. No deja de sorprenderse ante las cualidades artísticas de “El Rey”, de quien afirma que siempre tiene algo más para dar arriba del escenario. “Tiene un recurso más para llegar a lugares donde la mayoría de los cantantes no llega”, dice la rubia, y no es ninguna improvisada a la hora de evaluar, ya que compartió giras y sesiones de ensayo con Ricky Martin, Enrique Iglesias, Alejandro Sanz, Sin Bandera, Alejandro Fernández, Gloria Estefan o Alejandro Lerner. “Luis Miguel está desde chico arriba de un escenario, y lo único que hizo en su vida fue mejorar; el tipo es como Gardel, cada día canta mejor. Y no es broma ni exageración”.

El acercamiento de Entraigues con la troupe del astro mexicano se dio como por decantación. Es que el equipo de músicos que acompaña a la estrella reside también en Los Ángeles, y la cercanía física sumada al currículum de la argentina se convirtió en inevitable cercanía laboral. “Antes de esta convocatoria me había cruzado un par de veces con él y apenas nos habíamos saludado”, reconoce.

De la historia personal de Luis Miguel no se dirá mucho, apenas que no es tan hosco como se dice ni tan huraño como se comenta, que es “un caballero” y que jamás tuvo ni una insinuación ni con ella ni con su compañera de coros. También revelará que tanto tiempo arriba de un avión y dentro de una habitación de hotel hace perder la noción de tiempo y espacio. Todo se reduce a la vista de una ventana. “Lo que hago apenas llego a una ciudad nueva es sacar una foto con mi camarita; ésa es la imagen que atesoro de ese lugar”.

Entraigues repasa su historia a toda velocidad, como flashes. Se remonta a su beca en la Universidad de Berkeley, a esos primeros tres meses norteamericanos que se transformaron en 17 años. Del mismo modo relata como, sin ningún esbozo de timidez, arrimó un casete propio al mánager de Chaka Khan, una especie de leyenda del jazz. A los tres meses recibió un llamado para sumarse a la crew de la cantante. Ese desenfado le sirvió para presentarse a la audición de la trunca película que Oliver Stone tenía pensado filmar sobre Evita. Quedó seleccionada en el casting, pero desilusionada mil por mil al no concretarse el rodaje. Pero de toda experiencia mala queda algo bueno, dicen, y en el caso de la cantante argentina fue su radicación en Los Ángeles, meca del show bussiness artístico.

Casada con el también músico Ruy Folguera, esa mudanza definitiva los acercó a trabajar para la industria cinematográfica. Su carrera está ligada de manera íntima al cine, ya que cantó y compuso temas para filmes donde actuaron Woody Allen, Keanu Reeves, Madeleine Stowe o Alyssa Milano. Incluso ha ganado varios premios, pero esta gira es un reconocimiento especial a su carrera. A horas de subir al escenario, reconoce: “Estoy ansiosa, nunca canté en Vélez”.

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