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'El Sol' salió de noche

Regaló una noche inolvidable. Su presencia causó una descomunal
congestión vehicular y el delirio de sus admiradores. Luis Miguel
demostró, en el concierto que dio anoche en el Lima Polo Club, por
qué es un ídolo. Su voz impresionante y cautivadora, así como cada uno
de sus movimientos, y el acompañamiento de sus diez músicos soberbios,
dejaron más que satisfechos a los 15 mil asistentes a su espectáculo.

Valentín Ahón
elcomercioperu.com.pe

Son pocas las ocasiones en que un cantante genera congestión vehicular y un
fervor que no se fija en clases sociales. El divo mexicano, gracias a su
concierto, fue dueño de Lima por una noche.

Luis Miguel es un ser humano que se acostumbró a la ovación. Camina en el escenario como si fuera una deidad bronceada y tiene una mirada que no mira. Es un ídolo y el placer de ser como él, radica es ser la envidia de los hombres y el amor imposible de las mujeres.

Anoche 15 mil personas llegaron al Lima Polo Club para escuchar al mexicano, al divo que regaló una noche inolvidable a sus incondicionales seguidoras. Mujeres de todas las edades que retribuyeron el gesto con gritos destemplados, esos que después exigen un tratamiento para recuperar la voz y dejar sin pastillas para la garganta a la farmacia.

Desde que salió con su impecable terno negro, 'El Sol' de México cautivó a la exigente platea femenina con los boleros. "Tú me acostumbraste", "Perfidia", "Toda una vida", título con el que abrió un espectáculo de casi dos horas.

Conforme avanzó el concierto, el divo se quitó el saco y se quedó en camisa negra, que luego reemplazó por otra rojinegra y más tarde por un ceñido polo blanco.

Junto a sus diez músicos -los de vientos son extraordinarios-, Luis Miguel presentó el repertorio que hoy disponemos en discos originales y piratas. Su voz espectacular, sus gestos, el sudor siguen siendo parte de una parafernalia que ya cumplió dos décadas. Cualquier ademán, cualquier sonrisa, movimiento de cintura, improvisación escénica o cualquier palabra fuera del libreto son suficientes para despertar la histeria. Por eso el artista mexicano no le conviene cambiar de estrategia. Si decidiera hacerlo es casi seguro que su carrera sufriría un golpe letal. Él tiene que seguir mostrando sus dientes y cantar como sabe. Con eso tiene todo servido en bandeja porque su marca registrada ya no admite rectificaciones.

Todo gira alrededor del divo que se mira en una pantalla gigante cada vez que puede. ¿Si satura al respetable? Su público lo perdona todo porque Luis Miguel es miembro de un club donde los reproches están prohibidos. Una categoría que se ha ganado gracias a su esfuerzo y a la habilidad de quienes manejan su carrera.

El concierto terminó con una lluvia de papeles brillantes y en medio de efectos escénicos de humo, emprendiendo un recorrido por los clásicos de su repertorio, entre otros, "Un hombre busca a una mujer, "Isabel", y "Cuando calienta el sol". Luis Miguel trató de ser el hombre común. Pero no lo logró. Los ídolos no pueden cambiar.


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