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'El Sol' salió de noche Regaló una noche inolvidable. Su presencia causó una descomunal Valentín Ahón |
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Luis Miguel es un ser humano que se acostumbró a la ovación. Camina en el escenario como si fuera una deidad bronceada y tiene una mirada que no mira. Es un ídolo y el placer de ser como él, radica es ser la envidia de los hombres y el amor imposible de las mujeres. Anoche 15 mil personas llegaron al Lima Polo Club para escuchar al mexicano, al divo que regaló una noche inolvidable a sus incondicionales seguidoras. Mujeres de todas las edades que retribuyeron el gesto con gritos destemplados, esos que después exigen un tratamiento para recuperar la voz y dejar sin pastillas para la garganta a la farmacia. Desde que salió con su impecable terno negro, 'El Sol' de México cautivó a la exigente platea femenina con los boleros. "Tú me acostumbraste", "Perfidia", "Toda una vida", título con el que abrió un espectáculo de casi dos horas. Conforme avanzó el concierto, el divo se quitó el saco y se quedó en camisa negra, que luego reemplazó por otra rojinegra y más tarde por un ceñido polo blanco.
Todo gira alrededor del divo que se mira en una pantalla gigante cada vez que puede. ¿Si satura al respetable? Su público lo perdona todo porque Luis Miguel es miembro de un club donde los reproches están prohibidos. Una categoría que se ha ganado gracias a su esfuerzo y a la habilidad de quienes manejan su carrera. El concierto terminó con una lluvia de papeles brillantes y en medio de efectos escénicos de humo, emprendiendo un recorrido por los clásicos de su repertorio, entre otros, "Un hombre busca a una mujer, "Isabel", y "Cuando calienta el sol". Luis Miguel trató de ser el hombre común. Pero no lo logró. Los ídolos no pueden cambiar. |