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Este articulo es de octubre rescatado del foro de Univisión JESÚS MARIÑAS |
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Todas están rendidas, entregadas, subyugadas por el actual rey del bolero. Luis Miguel sí lo relanzó modernizándolo, no como Julio Iglesias, cuyos conciertos madrileños fueron tristes, como remate de gira multimillonaria, al menos en ganancias personales. Supongo que habrá recuperado su retahíla patria de olores, colores y sabores, tiempo no le ha faltado. Quizá de esa experiencia tan mediocre, sin embargo, a niveles artísticos, mañana hable Julio en su pregón festero de Ojén. No se ha visto en otra igual, porque la otra gloria -ya eterna- que cayó por ahí fue Curro Romero, poco amigo del largue. Pero a lo que iba: me pareció excepcional y de una humildad inesperada ver a María Teresa Campos defendiendo desde su trono matinal, a la menos reticente Ana Rosa y a una Anne Igartuburu, ya como el Nodo, acudiendo a entrevistar a Luis Miguel en su habitación del Palace, donde no pide las cosas extrañas, habituales en figuras mundiales como el hijo de Luisito Rey -made in Spain- cuyas cenizas siguen en el cementerio de San Fernando. De la madre nunca más se supo, era hermana de la actriz Rossana Podesta y el ídolo se le parece mucho físicamente. Luis Miguel vive la noche madrileña, le gusta comer bien aunque mantiene cierta dieta para no recuperar los diez kilos perdidos: en el Lucio, ya tan popular como la Puerta de Alcalá, se sentó con Enrique Ponce y Palomita Cuevas y aconsejó al matador que deseche las intenciones de la retirada. Es lo más grande que le va quedando a la Fiesta. En «La Dorada» compartió con su entrañable Manuel Alejandro, otro grande de la composición, felizmente recuperado, y apurando los cariños y compartió manteles con Paola Santoni y su pareja, ella es íntima de México. Dos noches pasó por el «Gabanna», en el que Anita Aznar y Agag despidieron su soltería por amistad con el dueño, Tony, y Luis Miguel ya está más al corriente de la noche madrileña que si lo pusiera su casi locuaz hermano Alejandro Asensi, hijo del valenciano Pepe Asensi, que acaba de resucitar el Festival de Benidorm. Alejandro compuso «Tu mirada», incluida hace tres álbumes, y lo conoció en el 85 cuando Pepe Asensi dirigía el «Disco show» español que tanto sirvió para cimentar la actual fama de Luis Miguel. Lo conocimos durante una sesión fotográfica en «slip» realizada en la redacción de Jacometrezo. Historias de la historia, lo suyo con Alejandro se afianzó y son como uña y carne. Expectación, desborde y hasta doblegamiento de las tres «madames» televisivas ante la imposición de verse con él en su hotel, no anda para desplazamientos. Y así lo hicieron, profesionales por encima de todo, igualito que un Iglesias que en Málaga acudió a un encuentro del equipo local y le regalaron una camiseta. Imagino cómo estará con tal competencia, al borde del ataque de nervios, cual yo mismo anteanoche ante los Ideal, multicines de la casi cutre, oscura y casi conflictiva calle dotor Cortezo. La pisé para recoger a Nati Mistral, que sigue impresionando con «La Malquerida», y casi me da un patatús al rozarme con alguien que creí reconocer bajo pelo de nuca recortadísima, tal de la ya inexistente mili, su arremangada camisa de pana verdosa y un pantalón claro. Me pareció el Príncipe Felipe, eran las diez de la noche y caminaba hacia los multicines vecinos, a la capillita de la Orden de Malta. Fui en pos, no había duda por el entorno. A la entrada del local, el Heredero era esperado por tres chicas -ninguna rubia, conste, doy fe- y un mozo alto, relleno, fuerte y de pelo rizado. Yo entré, pregunté por Daniel, gerente del local, para indagar sin sabia a cúal de las dieciocho mini-salas estaba prevista la concurrencia del Príncipe. |