El show de anoche tenía la pretensión de refrendar la supuesta vuelta al pop
de Luis Miguel después de años detrás de la fórmula del bolero. Luego de 100
minutos de concierto (duración establecida por contrato), la sensación reinante
fue que el solista cumplió el objetivo. El show resultó más movido que empalagoso,
con climas equilibrados.
Luis Miguel ya no descansa en su clasicismo, aunque no pudo evitar desmayar a
una multitud de chicas vestido uno de los CQC. Esto es, ambo negro, corbata
al tono, camisa blanca.
Una vez agotado el ritual del apagón pre show, el desaforado grito colectivo,
el seguimiento de la combi que llega desde un costado con vidrios polarizados
y la espera de esos segundos que separan una ansiedad visceral de la felicidad
absoluta, Luis Miguel largó con Vuelve. Si bien esta canción está más que asimilada por las chicas, no es un himno
que lleve a la mayor efusión emocional. Para eso, estuvo Amor, amor, amor.
A esa altura, Luis Miguel dejó instalada la noción de que devolvió el carísimo
precio de las entradas. Por eso elige bajar. Y canta la balada Ahora que te vas,
sobre un colchón de cuerdas y teclados, y Perfidia. Entonces le habla a la
multitud, y, extrovertido como nunca, dice: “Hola Córdoba, es un placer estar
aquí; esta es una celebración. ¿Están listos? Son 33 años de vida, 20 de ellos
cantando, gracias”.
Antes de soltar la lengua, circunspecto y como si nada, había cantado la excitante
perla pop titulada Eres.
Para románticos
Posteriormente se vino un trencito ideal para acaramelarse. Sonaron Devuélveme el
amor mas No se tú y Cómo duele, tirando un guiño a todas las que se prendieron en
la etapa bolerística de los 20 años de carrera. Los medios tiempos no se alteraron
porque llegó O tú o ninguna. De allí pasó a un set para desatar inhibiciones, que
se inició con Suave. El show continuó en plan de darle aire a baladas
incandescentes como Un te amo, No me puedes dejar así, Entrégate y La
incondicional, donde el solista tuvo el acompañamiento vocal del público.
En ese momento, habló por segunda vez: “Estas canciones las interpretaba hace
15 años cuando yo estaba cambiando la voz. Fue mi padre quien me insistió en
grabarlas”, dijo.
Larga despedida
Ya en el tramo final volvió con 33, tanto en su versión reposada (Qué tristeza y
Nos hizo falta tiempo) como en la más seductora, la pop, en la que se inscriben
Con tus besos y Te necesito, a la hora de los bises.
Luis Miguel alternará entre Miami y Los Ángeles para consumir los momentos de su
vida. Pero en sus shows no quiere olvidarse de su sustancia mejicana. Por eso
canta Amorcito corazón y Mucho corazón. Entretanto, la bandera mejicana flameó
en las pantallas detrás de escena.
El final fue algo previsible, aunque no eclipsó la certeza de haber vivido un
espectáculo novedoso. Ya enfundado en trapos informales, el cantante invitó a
hacer las coreografías que saben todas cuando le tocó entonar Cómo es posible,
Será que no amas, La chica del bikini azul, Ahora te puedes marchar y Cuando
calienta el sol.
En suma, valió la pena esperar tanto tiempo la vuelta de de Luis Miguel, no tan
holograma como había acusado el español Alejandro Sanz. La parada cordobesa del
romántico más vendedor por estas tierras fue la única en el interior del país y
la antesala de una serie de tres conciertos de fin de semana en Vélez Sársfield.
Un clásico adorado.
16.000. Finalmente, se vendieron todas las entradas que se pusieron a la venta.
Ayer se terminaron las 1.500 que quedaban para el show, sobre las 16 mil que se
pusieron a la venta. Con invitados y acreditados,
400 personas trabajaron en el show, incluidos el personal técnico y organizativo,
y la seguridad del espectáculo.
3 minutos solamente pudieron trabajar los camarógrafos y fotógrafos. Vinieron
medios de Córdoba, Buenos Aires, y hasta México y Chile.