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Atestiguan transformación de Luismi

El Auditorio Nacional ha sido testigo de la
transformación de Luis Miguel a lo largo de 13 años
Por Nora Marín / Grupo Reforma
02/13/2004

A lo largo de 13 años, el Auditorio Nacional ha sido testigo de algunos de los momentos más importantes de Luis Miguel, de su transformación física de los 20 a los 33 años, de su actitud frente al público y de la evolución de su espectáculo.

De 1991 al 2004, a través de más de 100 presentaciones en ese escenario, el cantante ha cambiado su imagen, ha modificado sus pasos de baile y ha sumado canciones a su show, pero lo que mantiene casi intacto es su bronceado.

En sus primeras presentaciones en el recinto de Reforma, cuando el intérprete rebasaba los 20 años, su silueta aparecía entre efectos de humo y lucía camisas estampadas semiabiertas.

Su figura delgada y el cabello corto, look con el que apareció en su videoclip "La Incondicional" y por el cual sacrificó su melena revuelta, provocaba gritos entre sus fans.

El amarillo combinado con el negro en su vestuario, y el cabello corto a los lados y largo de enfrente lo caracterizaron en 1993, cuando las canciones de su disco Aries eran coreadas por sus admiradoras.

Para 1994, el público festejaba los saltos de Luis Miguel, sus bailes, sus manos en el cabello, y el saco que simulaba quitarse y mantenía a media espalda constantemente.

Tres años después apareció en el escenario con un atuendo formal, traje o esmoquin negro, así comenzó con sus Romances.

Embarnecido y a punto de entrar a los 30 años, el intérprete de "Te Necesito" cambió su apariencia en el 2000: cabello corto y peinado hacia atrás.

En el 2002 adoptó una imagen más seria, su bailes se limitaron a pequeños saltos y a algunas coreografías como la de "Será que no me Amas". Para los fans, ya resultaba evidente su problema de caída de cabello.

A sus 33 años y en sus conciertos de esta temporada, el cantante confirma su gusto por la ropa negra, pero con un nuevo look, ahora luce el cabello ligeramente peinado hacia atrás y cubriéndole las orejas.

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