
Aunque es criticado por sus excentricidades y personalidad antipática, durante los conciertos es un
artista carismático, disciplinado y entregado a su público.
La energía de Luis Miguel parecía no tener límites a las 22h35 del martes pasado. Corría de un extremo
a otro del escenario (de 40 metros de largo, que tenía cuatro pilares modelo romano, envueltos con flores),
saltaba, subía y bajaba las escaleras de una plataforma, mientras cantaba Cuando calienta el sol, como parte
de un mosaico de canciones pop, que incluyó Cómo es posible que a mi lado, Será que no me amas, Ahora te
puedes marchar y otras.
A esa hora, las 20 mil personas que acudieron al estadio Modelo para ver su megaconcierto, que corresponde
a la Gira 33, estaban enloquecidas con las canciones del artista puertorriqueño de nacimiento y mexicano
por adopción.
Luis Miguel aprovecha esa euforia colectiva para lanzar camisetas negras con su imagen hacia el público que
pagó 200 dólares para la localidad de golden box. Ellos se llevaron las diez camisetas, con las que primero
se secó el rostro y pecho, y después lanzó.
Acto seguido, levantó los brazos y miró a todos los rincones del estadio para despedirse de su público,
mientras una de las tres pantallas gigantes ampliaba su rostro para quienes no podían verlo tan cerca.
Las otras pantallas proyectaron videos ambientales como mares y paisajes.
A las 22h36, se apagaron las 200 luces móviles situadas en el techo del escenario.
“No te puedes ir, si no cantas Te necesito“, gritaba Cinthya Rojas, quien se situó en la tercera fila de
golden boxes con una camiseta blanca que ella diseñó con el mensaje “Luis Miguel, aquí está tu güera, T.D.C.O.
(entiéndase: te deseo)”.
Pero él se fue solo por unos minutos para quitarse la empapada camisa negra que llevaba puesta con un saco
del mismo color (pero de terciopelo) y luego vestir una blanca con leves detallitos negros.
Era el tercer look de Luis Miguel durante el concierto. Primero apareció con saco negro y pantalón negro,
camisa blanca y corbata negra con puntos blancos.
El reloj marcaba las 22h40. Las luces volvían a encenderse para que Luis Miguel cantara la solicitada
Te necesito.
Sus seguidores corearon la canción de principio a fin, hasta el estribillo que decía “Todo es vano y pasajero
si no estás...” y que Luis Miguel completaba con la palabra “...conmigo”. Lo repitieron tres veces y con el
tercer “conmigo”, su voz se fue perdiendo entre la intempestiva oscuridad del escenario.
Las luces de ese lugar se apagaron otra vez. Parecía otro amague, porque el artista no se despidió como lo
hizo minutos antes. El público creyó durante unos segundos que él volvería, pero intuyó de inmediato que
esta vez sí era el final del show porque los técnicos empezaron a desarmar el escenario.
Aunque la gente quería más, se fue satisfecha con el espectáculo. Esa fue la sensación que Luis Miguel
dejó a sus fanáticos, tras el derroche de energía durante una hora con 40 minutos, y un contacto permanente
con ellos.