LA LLEGADA
Cuando Omar Velasco llegó al lobby del Hotel Ritz Carlton, uno de los mejores de
Cancún, en México, todo se veía tranquilo, nadie diría que ahí, el artista más
importante de Latinoamérica, lo estaría esperando.
Luis Miguel ocupaba todo el piso nueve del hotel, el “penthouse” con hermosa vista
desde donde concedió entrevistas a medios selectos. Cancún, de acuerdo con el
taxista que transportó a Omar al hotel, estaba a tan sólo 30 por ciento de su
capacidad debido al mal clima.
Todo fue muy rápido, de un día a otro Omar estaba frente a Luis Miguel, el artista
con el que prácticamente creció y de quien quería saber un sinnúmero de cosas:
detalles sobre su vida, sus amores, su trabajo y... claro, su nuevo disco “33”.
EL LUGAR
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El hotel donde se hospedó |
La tarjeta especial que abría la puerta del “penthouse” hizo un ruido extraño antes
de liberar la cerradura. Bastaron unos cuantos pasos dentro del elegante piso para
que Omar se diera cuenta de que el sitio había sido decorado especialmente para la
estrella.
Un agradable olor a incienso fue el primer recibimiento, el segundo fue la mano del
cantante que agradeció con un fuerte apretón la presencia del locutor de KLVE 107.5.
Había rosas blancas por todas partes y plantas que provocaban un ambiente relajado.
Eran unos minutos después de las 3:00 de la tarde y todo estaba listo.
LA ENTREVISTA
Omar no pudo usar su equipo, el personal de promoción de Luis Miguel se encargaría
de grabar la entrevista, asegurándose así del total control de la charla con
“El Sol”, y para garantizar aún más que todo saliera como ellos querían, llegaron
las “recomendaciones”: "¡No preguntas que lo incomoden! ¡Tienes poco tiempo!
¡Él puede cortar la plática cuando quiera o si se siente incómodo!"
Después de hablar con las asistentes, Omar caminó hacia una pequeña sala y se
sentó en uno de los cómodos sillones de mimbre, el destinado para Luis Miguel
estaba justo frente a él, muy cerca. En medio, una pequeña mesa con dos botellas
de agua y pétalos de rosas blancas esparcidos alrededor.
El olor a incienso era fuerte, pero no tan penetrante como el de la loción de
Luis Miguel que Omar percibió en el amistoso abrazo que se dieron justo antes de
iniciar el diálogo.
Su sonrisa fue lo primero que llamó la atención de Omar, amplia y muy blanca,
tal vez más que su vestimenta de pantalón y camisa por fuera, floja pero no
desaliñada.
“¡Bienvenido a Cancún! ¿Cuándo llegaste?”, fueron las primeras palabras del
cantante. En ese momento, no parecía que ese fuera el tan famoso y misterioso
hombre que ha despertado la admiración de millones de personas.
Era sólo un hombre de estatura más baja de lo que Omar imaginó, de ojos verdes
y melena extendida, quien muy amablemente lo saludaba. Parecía muy relajado y
pese a que el sol no había salido en Cancún en los días recientes a la
conversación, él lucía un bronceado maravilloso.
En cuanto comenzó la entrevista, Luis Miguel adoptó la actitud de artista y a
Omar no le quedó más que tomar la de entrevistador. La expresión de su rostro
marcaba una línea de defensa, pero aún así, el resultado fue bueno.
Durante los 11 minutos de plática, Luis Miguel miró hacia todos lados, jugó un
poco con la mesa de los pétalos y, curiosamente, nunca se tocó el cabello. Cambió
de posición varias veces y siempre mantuvo el contacto visual con las dos
asistentes, el manager y sus dos guardaespaldas que estaban al tanto de la charla.
LA DESPEDIDA
Al concluir la conversación Luis Miguel volvió a la actitud relajada y se despidió
de Omar como un amigo al que no vería en mucho tiempo. Cruzaron algunas palabras
más antes de que él le diera las gracias repetidamente por el tiempo invertido y
saliera por un pasillo. Para Omar Velasco, fue una bonita experiencia que espera
repetir en el próximo lanzamiento de un disco de Luis Miguel.