Las presentaciones de los discos de Luis Miguel se han convertido en mi evento
periodístico favorito porque adquieren una dimensión muy curiosa.
Cada vez, los organizadores ponen especial énfasis en mejorar el lanzamiento,
respecto al anterior y no dejan ni un cabo suelto. Invitan a unos y, luego,
desinvitan a otros. Se ponen nerviosísimos y guardan celosamente los detalles:
lista de asistentes, horarios y lugar de la reunión.
Esa es la mayor sorpresa: el escenario autorizado por Luis Miguel para presentar
su nuevo trabajo.
Y les cuento que hemos estado en cada sitio, que hay que ver: el Casino de la
calle de Alcalá, en Madrid; la ex casa del pobre Gianni Versace, en Miami Beach;
el Palacete de los Duques de Pastrana, en la capital española, y el legendario
Rainbow Room, en Nueva York, en el piso 64 del Rockefeller Center.
Esta vez nos tocaba en Cancún, en la terraza maravillosa de uno de los hoteles
más lujosos del mundo, iluminada con mil 500 velitas, y con vista al mar.
Pero, como el clima en este paraíso es impredecible, se nos atravesó una
"depresión tropical" y terminamos bajo techo en un salón.
Pero mientras afuera se caía el cielo, adentro los ánimos también se venían
abajo entre los periodistas cuando al llegar al "refugio" a prueba de tormentas
se enteraban a quién le daría entrevista exclusiva el cantante y a quién no.
Ah, es que cuando se trata de Micky, empieza la competencia "intergremial" y,
lejos de querer sacar la mejor nota, los "periodistas" de espectáculos hacen
cada numerazo para ver quién llama la atención, quién hace la mejor pregunta o
quién pone en aprietos al artista.
En pocas palabras, quieren ser los protagonistas, porque para algunos es un sueño
poder entrevistarlo y para otros, una asignatura que deben cumplir sea como sea.
Lo interesante del asunto es que "todos tienen su corazoncito" y cuando Luis
Miguel entra en un salón todo es diferente y la cosa cambia, porque su presencia
es imponente. Es de esos hombres que ponen nerviosito a cualquiera. Y bueno,
esta vez se lució.
Entró, sonrió -ya sin huequito entre los dientes- y desarmó a los más de 100
periodistas, que en lugar de hacerle preguntas que generalmente no quiere
contestar, se rindieron ante sus potentes encantos y, claro, ante la linda
advertencia de "no me gusta hablar de mi vida, ni de mis amigos, ni de mi
familia".
Encima, también nos dejó mudos con el atuendo que escogió para nuestra cita:
trajezazo oscuro planchadísimo, corbata muy "nice" y zapatos carísimos. En
total, Micky traía puestos como 15 mil dólares y una cara de felicidad
impresionante.
¿Se acuerdan que les dije que lucía distinto, como más maduro? Pues sí que se
notó la diferencia con ocasiones anteriores, cuando igual estaba guapo, pero
muy nervioso y con gesto de "susto atorado" frente a los comunicadores.
Aquí se veía como nuevo y a los que juraban que el cantante había perdido voz,
mucho pelo y galanura, les aviso que no hay de qué preocuparse. El talento más
grande del pop en español sigue a salvo dentro del cuerpo envidiable, bronceado
y todavía elegante de Luis Miguel.
Nada más les digo que andaba tan de buenas, que hasta se aventó algunos albures
muy chistosos. ¿Cómo, nuestro "gentleman" perfecto, albureando? Lo juro.
Por ejemplo, al hablar de su gira dijo cositas como "voy a ir a mi 'chile'
querido, je je je". Desde luego, en su estilo, o sea, con muy buen gusto.
No vayan a creer que el "rey" aterrizó en el nivel de los pobres. Bueno,
por poquito. Casi...
Justo al terminar la conferencia de prensa, los organizadores dieron un "reporte
meteorológico" de último minuto: "No se vayan, ¡va a salir el 'sol'!"
¿Peeerdón? Resulta que Micky había planeado darnos una sorpresa y tomarse una
champañita con la "variada" concurrencia.
Pero entre el "satélite desenchufado" de Joaquín López-Dóriga, un complicado
enlace con Javier Alatorre, con vientos huracanados, y la larguísima entrevista
que grabó con Adal Ramones, no hubo tal "meet and greet'". ¡Esa era la nota,
chicos! Lástima que no hubo tal.
Total que no vimos ni "el chile" ni "el sol". Eso sí, hubo mucho brindis con
"champagne". Tanto, que alguien cantó "Oa... xaca" dentro del elevador (¡uggh!)
y creo saber quién fue la autora. ¿Cuánto apuestan?
Por cierto, el 10 de octubre en Las Vegas, Nevada, empieza la gira del disco 33.
Oigan ,¿saben por qué le puso 33?
"Porque le quería poner 23, pero nadie me lo iba a creer, je je je".
Es buen chiste ¿no? Lo contó Luis Miguel, que para mí sigue siendo el mejor
cantante del mundo, aunque a veces no dé la "nota".