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De Vuelta al Ruedo / Olvidadizo e inolvidable...

Por Martha Figueroa / Reforma
10/22/2003

Está muy bien eso de que los caballeros no tengan memoria. Ahora que si el hombre en cuestión es Luis Miguel, la cosa tiene sus bemoles.

Que finja demencia sobre sus romances está perfecto, pero que se le olviden las canciones o que nos recuerde a su familia después de pedirnos no tocar el tema...

Todo sucedió en pleno concierto en el Universal Amphitheatre de Los Ángeles, gira "33". Con los boletos, recibí un fax larguísimo con indicaciones para entrar por la puerta 6 o "Artist Entrance", un lugar muy exclusivo y de acceso restringido que reunió a personajes diversos. Aunque, en realidad, más que backstage era un patio con guacamole, totopos y "drinks".

Había empresarios que compraron parte de la gira y querían ver el show, periodistas gringos, parientes de los músicos, Karime Lozano y muchas mujeres de las que traen el vestido de novia en la cajuela del coche, por si Luis Miguel las descubre entre la multitud y decide casarse con ellas.

Encontré también a unos paisanos con cara de ilusión porque juraban que Micky departiría con la concurrencia de gafete especial.

- Oiga, usted es la de Paty Chapoy ¿verdad? me preguntó uno muy sonrientito. ¡Ya la reconocí!

Apreté el "crucifijo de plata" y clavé cuchillos para ahuyentar a la "invocada", me reí y les pregunté si eran reporteros o qué.

- No, pero nos dijeron que al ratito Luis Mi sale por aquí a saludar a los invitados. Qué padre, ¿verdad?

- Pues ni tanto, porque él tiene una entrada más VIP y oootro backstage, pero entrenle con confianza al guacamolito.

Estábamos en ese nivel interesantísimo de charla, cuando se encendió el foco rojo que anuncia que en 5 minutos apagan las luces del "Universal Amphitheatre" que estaba a reventar.

Empezó la música y Luis Miguel saludó feliz al ritmo de "Vuelve", vestido de trajezazo negro, camisa blanca con rajitas rojas y zapatos de cocodrilo fulgurantes y carísimos.

Ya entrado el concierto armó un escándalo impresionante con "Por Debajo de la Mesa" y "No sé tú", ligaditas. ¡Cómo no estaba ahí el maestro Manzanero, caray! Le hubiera gustado ver cómo las parejitas empezaban automáticamente a besarse.

Yo no besé a nadie, pero le hice coros como loca a Luis Miguel que suena igual o mejor que en los discos. Esta vez trae una pila increíble: brinca, corre, baila, suda, se carcajea, se deja tocar por las fans, al fin escondió a sus "guardaespaldas" y canta a todo lo que da.

Todo iba normalito y de repente, sin avisar, Luis Miguel hace una pausa y empieza a contar cosas de su "misteriosa" vida.Aunque usted no lo crea, habló del "Inmencionable", de Luisito Rey, su papá.

Creo que muchos no lo saben, pero hasta hace algunos años antes de entrevistar al rey del pop en español, el manager te advertía que estaba prohibidísimo mencionar a Luis Rey por "vicisitudes" familiares. Es más, un día se armó la grande en TV Azteca porque pasamos imágenes donde el "Sol" cantaba y su padre se asomaba al fondo. No saben qué lío.

Pues por todo esto y mucho más me sorprendió el discurso en el que palabras más, palabras menos, Luis Miguel confesó que cuando tenía como 15 años vivió un momento muy complicado: el aterrador cambio de voz.

Contó que entró al estudio de grabación y no podía cantar, pero por fortuna, su padre estuvo ahí y lo hizo adaptarse a su nuevo color de voz. Dijo que se lo agradecía infinitamente, porque así pudo superar el trance y estar hoy arriba del escenario.

Bueno, ya se imaginarán que todas queríamos trepar al escenario y prestarle nuestro hombro para llorar juntos. Fue muy emotivo porque puso la misma cara de nostalgia que cuando le dijo a Adal Ramones, en entrevista que quería volver a ver a su mamá.

Por fortuna, justo ahí volvimos a levantar el ánimo con popurrizazo: "No me Puedes Dejar Así", "Palabra de Honor" y "La Incondicional".

Claro que Micky no es el único que recuerda cosas. ¡Yo me fui hasta el 85! Aluciné perfecto a Ivonne e Ivette dando vueltas mientras él cantaba "no, no, no, no, no me puedes dejar así...".

Y qué me dicen de Adelita Noriega sentada en ¡el "Vogue"! (¿recuerdan la disco con jaulas de leones tan "Siegfried y Roy"?) con "te voy a olvidaaaaar, palabra de honoooor, paloma perdiiiiida"...

La remembranza total, así es el nuevo concierto de Luis Miguel. Pero tampoco crean que para disfrutarlo hay que ser personal de "antaño", ¿eh?, el concierto está excelente.

Por eso, todos gritamos y nos volvimos locos. Y eso que todavía no sabíamos que a este hombre se le perdona todo.

Se despidió en medio de la gritadera general con "Cuando Calienta el Sol" y al ratito regresó listo para cerrar por todo lo alto con "Yo te Necesito". Sí, la que tooodo mundo se sabe. Todos ¡menos Luis Miguel!

Empezó como si nada y de pronto: amnesia total, laguna mental, pérdida temporal de la memoria, "blackout"...Se le olvidó la letra y no hubo manera de seguir, sólo rescató los coros.

Imaginarán que con ese detalle, el final del concierto fue más espectacular e inesperado, y nos tocó ver al Luis Miguel de a de veras, cero pose.

Sonrojadísimo, haciendo muecas de "la ca..., qué vergüenza", dándose golpes en la cabeza y muerto de risa. Le bastó decir: "eso me dolió", lanzarnos una miradaza y un beso, para llevarse una de las ovaciones más grandes que ha escuchado en la vida. Lo juro.

Un errorcillo que para cualquiera hubiera terminado en rechifla, se convirtió en un momento divino, gracias a la esencia "reinventada" de Luis Miguel, que debutará el 15 de enero en el Auditorio Nacional para plantar un nuevo récord con 30 conciertos. Chance y sean 33.

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