Aunque lo siento por Bobby Larios, que llevaba buen récord, a partir de mañana
y hasta la mitad de febrero el gran tema será Luis Miguel.
Sí, como dijo George Harrison "here comes the sun", y ahí vienen también miles de
notas. Prepárense porque junto con los conciertos inicia la temporada del "ingenio
periodístico" para escribir frases y titulares tipo "Salió el sol", "Los quema el
sol", "Cuando calienta el sol", "Eclipsan al sol" y todo lo que se les ocurra.
Hay artistas aburridísimos que nunca dan de qué hablar y otros que son un verdadero
desastre y se pasan de escandalosos. Creo que el único que conoce el punto justo
es Luis Miguel. Sabe cuándo hay que desaparecer y cuándo mostrarse, cuándo abrir
la boca y cuándo pasar por mudo, sabe cuándo es el rey y cuándo hacerse el turista.
Por supuesto, el sitio de divo se lo ha ganado sobre el escenario y gracias a la
voz que tiene. Pero estoy convencida de que lo realmente fascinante de Luis Miguel
es su nivel de misterio. Todo lo que oculta, todo lo que el público imagina de él
o todo lo que la prensa cree saber de su vida privada. ¿A poco no? Está comprobado:
tener algo escondido, siempre seduce...
A veces creemos que desapareció de la tierra porque no se asoma por ninguna parte,
pero Luis Miguel está siempre en acción y a partir de mañana saldrá en todo tipo de
noticias porque ya llegó a México con su gira "33". El tour empezó en octubre y ha
sido exitoso, pero aquí adquiere otro tono y una dimensión casi surrealista.
Lo primero que impresiona es que después de tocar "cielo", o mejor dicho "techo" en
el Auditorio Nacional batiendo récord de presentaciones, siga haciendo el esfuerzo
por romper su propia marca. Luego, también es interesante lo que provoca en los
conciertos, como exaltaciones varias y competencia en todos los niveles.
¿A quién saludó? ¿Cómo estaba vestido? ¿Quién pudo entrevistarlo? ¿Quién tiene
imágenes? ¿Viste que le aventó un beso a 'la de allá'?
Es en serio, así se pone el asunto cuando se trata de Luis Miguel. Lo que es un
hecho, es que a todo mundo le hace ilusión tenerlo enfrente para lo que sea. Y él,
cual cometa, pasa para que tengamos de qué hablar.
El nuevo concierto es mejor que el anterior, por mucho. Tiene más éxitos, menos
boleros, menos rollo y más sentimiento. Me tocó verlo en Los Angeles, y Micky
está... ¿qué les diré? Creo que la palabra es "reinventado": está cantando
increíble, se acerca más al público (al fin escondió a los guardaespaldas que
antes se paseaban por todo el escenario), muy platicador, corre, brinca, se
carcajea... La verdad, muy bien.
Si hablamos de cuestiones técnicas, en la gira "33" no hay ningún cabo suelto y
aunque la producción no es de grandes sorpresas, el concierto sí es espectacular.
Y como se imaginarán, Luis Miguel también checa cada cosa que le ponen encima:
trajes carísimos, zapatos de cocodrilo fulgurantes, camisas únicas y hasta la
sonrisa maravillosa de dientes perfectos.
Pero volviendo a lo surrealista, les decía que en México todo cambia. Además de
lo anterior, hay detalles no musicales que se vuelven báaaasicos -y más importantes-
para el público y los periodistas. Por ejemplo: quién se sentó en primera fila,
quién no tenía boletos, quién pudo pasar a "backstage" y quién no fue recibido,
quién se paró a bailar, quién hizo un papelón, etc, etc.
Y espérense porque no hemos tocado el renglón de su romance con Myrka Dellanos:
Que si vino, que si con quién, que si trajo a la suegra, y el infaltable "ay, ni
está tan guapa"... (y agréguenle lo que quieran).
Eso es lo que sale de los conciertos, porque ya afuera surgen otras interrogantes:
¿dónde durmió?, ¿con quién?, ¿a qué hora se despertó?, ¿qué comió?, ¿cuánto le costó?,
¿salió o no salió?, ¿oíste que dijo que ya quiere tener hijos?, ¿que se va a casar?,
¿a dónde, cómo y cuándo?
Cuántas preguntas, oíganme, parece examen. Como voy viendo las cosas y como todos
queremos saberlo todo, no estaría mal incluirlo en las escuelas en plan de
asignatura: "Luis Miguel I, II y III".
Digo, sí está mejor que matemáticas, ¿o no?