La lluvia amenazó con opacarlo, pero “el sol” brilló y con intensidad.
Antes de la presentación que Luis Miguel tenía preparada para Guatemala, el
viernes 8, la incertidumbre reinaba en el ambiente. Primero la madre naturaleza
quiso demostrar su poderío, y dejó caer de las nubes el agua… Luego, la noche se
tornó clara y despejada, pero húmeda y poco alentadora.
No obstante, el mexicano apareció en el escenario y eclipsó a la luna, a la lluvia
y claro está, a los chapines.
Fue un concierto de dos horas, tiempo que se hizo corto pues oír cantar a Micky,
observar su paso gallardo, y dejarse seducir por sus movimientos sensuales de cadera
fueron más que una fiesta.
A las 21 horas con 30 minutos inició lo que se convertiría en uno de los espectáculos
más fastuosos del año. Tras un ruido estremecedor, las pantallas que servían de fondo
en el escenario se iluminaron y en el horizonte, tal cual caballero, Luis Miguel
ataviado con un clásico traje color negro combinado con una camisa blanca y corbata
de lunares hizo su debut.
Desde ahí y hasta que terminó el show, los gritos de la multitud que se dio cita en el
Mateo Flores, fueron parte del concierto.
Luis Miguel, que dicho sea de paso, luce espléndido, empezó su espectáculo con el tema
Amor, amor, amor; entre éste y el que cerró el evento Te necesito, hubo 28 canciones
más, la mayoría de su reciente propuesta 33, nombre también de la gira que lo trajo a
esta tierra.
Pero de igual manera hizo un repaso de su carrera en el mundo musical cantando los
grandes éxitos que lo han llevado a ser uno de los mejores exponentes de la música
en español.
De esa cuenta se hicieron escuchar, entre otros: Palabra de honor, La incondicional,
La chica del biquini azul, La barca, Será que no me amas, Cuando calienta el sol
y Somos novios.
El rey
Una vez más Luismi demostró que sabe hacer muy bien su trabajo, y no importa que se
ausente de los escenarios, porque cuando decide hacer giras, a todos lados que va,
agrada, llena y sigue siendo “el rey”.
Perfeccionista a morir
Mientras enloquecía a las mujeres, en su mayoría, pero también a los hombres y personas
de la tercera edad que formaron parte de los más de 8 mil fans, Luis Miguel no dejó por
un momento de exigirles a sus músicos y sobre todo a sus técnicos, la modulación correcta.
Estuvo pendiente del sonido, las luces y de su cuerpo de seguridad, pues, no cabe duda,
quería (y lo logró) dar un espectáculo de primera.
Lo puso a correr