Pasaban quince minutos de las diez de la noche y las dos horas de espera,
desde que se abrieron las puertas del Recinto Provincial de Ferias y Congresos,
se hacían demasiado largas. Derrepente, se hizo la oscuridad.
Los acordes de “Vuelve”, una de las últimas canciones de su albúm “33”
envolvían el ambiente de magia y algarabía. Las luces violetas y naranjas
del escenario se mezclaban con las imágenes coloristas de dos grandes
pantallas que escondían al astro mexicano. Y, al final, apareció el.
Su voz se convertía en el eco de las más de trece mil personas que
abarrotaban el Recinto Ferial, y que estallaron de euforia y pasión
cuando la figura de Luis Miguel se dibujó en el escenario. Impoluto.
Enfundado en un traje de chaqueta negro, camisa blanca y corbata de
lunares, parecía sacado de cualquier pasarela internacional. El artista
empezó su concierto en tierras jiennenses con una melodía llena de ritmo
que enganchó al público desde el primer momento y que, en cierto sentido,
le hizo olvidar los minutos de espera. Su voz no tembló un momento y el
astro latino dejaba clara su larga experiencia musical en los escenarios
de todo el mundo. Conquistó al instante a grandes y pequeños, a hombres
y a mujeres, a todos, ya que a pie de escenario se divisaba una larga y
multiracial manta humana que hacía los coros al cantante y no paraba
de bailar.
La primera canción se encadenó con la segunda, no medió palabra con el
público. “Amor, amor” irrumpió con fuerza y encandiló a los que en un
primer momento se quejaron por la tardanza y no estaban totalmente
entregados. El artista comenzó a coquetear con el público y, hacer
guiños de complicidad con las primeras filas, momento que aprovecharon
sus fans para lanzarle osos de peluche y otros objetos que rápidamente
entregó los fornidos guardaespaldas que custodiaban al cantante sobre
el escenario. Hasta el quinto tema de su garganta sólo salieron acordes
musicales. Fue antes de comenzar una de sus baladas más aplaudidas, “Eres”,
cuando se dirigió al público, les dio la bienvenida a todos (tanto
jiennenses como los que se desplazaron de otros puntos de Andalucía y España)
y los animó a cantar y a bailar en un espectáculo en el que iba a poner
toda su alma. El público no le defraudó. En todo momento le dedicó
frases cariñosas y de fidelidad, y dejó patente que los espectadores
jiennenses se entregan con pasión cuando les demuestran arte y espectáculo.
Luis Miguel se lo demostró y con temas como “Por debajo de la Mesa” devolvió
a su público la elegancia y la profesionalidad que cada uno de ellos merecía.