Desde hace al menos una década hasta ahora comentar un
concierto de Luis Miguel se ha convertido en un lugar común.
"Impecable", "notable" o "sin fallas", son lo términos que
con justicia se han esgrimido para calificar un espectáculo
que, por lo mismo -y como techo mínimo-, debe rozar la
perfección para ser considerado bueno. Siguiendo esa
exigente lógica, el show que el ídolo mexicano ofreció
anoche en el Espacio Riesco (el primero de sus tres
conciertos en suelo chileno) no superó la media de sus
shows pretéritos.
Básicamente por un permanente problema
de retorno en su auricular que alteró su ánimo y evidenció
su mal humor sobre la tarima. Aunque sin escándalos,
Luis Miguel dio claras muestras de desagrado al no sentirse
totalmente a gusto. El tipo es un profesional y muy
probablemente exige lo mismo de su equipo. Aunque eso,
claro, no perturbó a las mas de 1.500 personas que
disfrutaron de un espectáculo hecho a su medida: desde
tempranos éxitos como Palabra de honor y La incondicional,
hasta hits recientes como Te necesito. Una aclaración: el
sonido del concierto se escuchó impecable en la sala, pero
la molestia del cantante no permitió que la fiesta fuera
completa.