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LUIS MIGUEL

POR IGNACIO RUIZ QUINTANO / www.abc.es
10/01/2004

Por las Ventas ha pasado el Número Uno, pero el nuevo periodismo, que anda como achicopalado, no se ha enterado. En ese mismo arenal, hace cincuenta y cinco años, otro Luis Miguel, en el centro de una formidable faena, levantó el dedo y se proclamó el Número Uno. ¿No había dicho Corrochano que en el toreo era modesto quien no podía ser otra cosa? Y Giraldillo, a sabiendas de la inclinación madrileña a encomiar el tipo de toreros hechos con virtudes sociales y domésticas, no pudo reprimir su Dios nos libre y, sobre todo, libre a las empresas de toreros modestos.

Luis Miguel, felizmente, no era modesto. Estaba en la cumbre, y en el cuarto toro, banderilleado de poder a poder, por ambos lados, levantó el dedo, y lo dicho: se proclamó el Número Uno. Joselito Gallo lo había hecho al salir de la plaza; Luis Miguel lo indicó en medio de una faena.

Ahora, en ese mismo redondel, otro Luis Miguel, otro Número Uno. A imitación de lo que Steiner tiene dicho de Joyce, puede decirse que el contraataque más exuberante lanzado hoy por cantante alguno contra la reducción del lenguaje es el de este goloso de las palabras.

Luis Miguel, que está en la tradición del romanticismo verbal, devuelve al oído español la vasta magnificencia del idioma. «México en la piel.» En sus canciones uno puede leer, como en silabario, los consejos de amor que el Indio Fernández daba a su sobrino Roge, el hijo de su hermano Rogelio: «Mira, lo sensitivo es facultad, lo sensual es deleite y el sentimiento es emoción. Lo primero que tienes que ganar de una mujer es su facultad sensorial, para después llegar al deleite de la sensualidad; y si tu sensibilidad lo exige, si quieres ir más allá, entonces le provocas emociones que darán origen a los sentimientos.

Primero es la piel, luego el corazón y por último el alma. Y te aconsejo que con el alma no te metas, si no estás dispuesto a entregar la tuya propia. El alma siempre reclamará alma y sentimientos. La piel no exige mucho: se satisface pronto y renueva sus deseos sin pedir querencia.»

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