LUIS MIGUEL. Amarte es... un gran negocio

Santiago de Chile, Sábado 13 de Noviembre de 1999

A su favor juega una voz privilegiada y un carisma que descubrió su padre cuando se empinaba, a los doce años, sobre unos tacones blancos. Ahora, hecho un hombre, es dueño y señor del mejor negocio: él mismo. El semidiós de la música latina, el último romántico de habla hispana, aterriza y canta en Chile el próximo sábado. Luis Miguel, el magnánimo.

Él no le cree a la vida loca, en su nuevo disco. Así, al menos, aseguraron los diarios aztecas cuando el artista presentó Amarte es un placer, su última placa. Micky apelativo con que se le conoce desde que era un niño no tiene la menor intención de compararse con el éxito de fogueo de Ricky Martin en Estados Unidos. Menos en lo que se refiere a Hispanoamérica. Más de quince años de experiencia, doce discos, una de las mayores fortunas musicales de México y los récords de público en sus presentaciones corren a favor de Luis Miguel.

Son las razones y evidencias de la fama que goza desde 1988 y que, sin duda, ha sabido capitalizar. Eso es lo que marca la diferencia entre él y los que podrían ser considerados sus competidores. Como Ricky Martin, el ahora astro del boom latino en Estados Unidos y que es todo un hit en los países europeos con su Livin la vida loca y Bella. Porque puede que en cuanto a show el puertorriqueño supere al ídolo mexicano, pero la voz de Luis Miguel, su talento y profesionalismo no tienen comparación.

Tenía apenas doce años cuando grabó su primer disco, el hoy legendario 1+1=2 enamorados. Es famosa la historia del cumpleaños de su padre, Luisito Rey, cuando el pequeño Micky sorprendió a los asistentes a la fiesta con las canciones que había preparado. Ahí fue el descubrimiento. Su padre se dio cuenta de que estaba criando una mina de oro que no sólo tenía el desplante para triunfar, sino que además poseía una voz descollante. Desde ese minuto, el pequeño Luis Miguel Gallego Basteri no paró más.

Heredó el atractivo físico de su bisabuelo italiano y eso, sin duda, le allanó el camino. Porque con su pinta le dio el palo al gato. Como explica Camilo Fernández, con toda una vida dedicada a la música popular:

Luis Miguel reúne dos condiciones importantísimas en este fin de milenio. Ser guapo definitivamente es una exigencia. Pero, además, yo lo considero un muy buen cantante. Merece todo mi respeto, porque demostró que pudo cantar, en inglés y codo a codo, junto a Frank Sinatra, quien es, a mi juicio, el artista del siglo.

Al principio rondó la duda de que Luis Miguel fuera sólo una simple voz bien manejada. Desde los primeros años de su carrera aquellos del pelo largo, la sonrisa dispareja y los zapatos altos y hasta 1986, el responsable de su éxito fue su padre, que se mostró manipulador y abusivo con este prodigio de hijo. Para su cumpleaños número once le arrendó un restorán e invitó, en vez de amigos, a representantes de sellos discográficos. Eso dio paso a serios problemas afectivos y en una relación que se fue deteriorando y que, lamentablemente, terminó sin que se lograra encausar. Luis Miguel tenía veintidós años y estaba a una semana de actuar en Chile cuando su padre murió en Barcelona.

No se veían desde hacía cinco años, y aunque se negó en un principio, Luis Miguel viajó hasta España para visitarlo en su lecho de muerte. Pese a que la pérdida le causó una fuerte depresión, el cantante cumplió con sus compromisos artísticos. La bruma de soledad ha rodeado las relaciones familiares del cantante, el que ha recibido frecuentemente el título de el gran solitario. Sus padres se separaron y su madre, Marcela Basteri, desapareció en 1989, tras abordar un avión con destino desconocido. Nunca más se supo dónde estaba y hasta la han creído muerta.

Para sus hermanos, Sergio, de 15 años, y Alejandro, de 27, el cantante juega el rol de padre y, aunque están separados por la distancia, buscan siempre el contacto. Eso enorgullece a Luis Miguel, quien vive solo en su mansión de El Rancho, en Acapulco, mientras que sus hermanos están en Boston y Ciudad de México.

Cuando dejó de trabajar con su padre, inició su relación laboral con la dupla formada por Hugo López y el argentino Álex McCluskey, quienes, entre 1987 y 1996, lo llevaron a la cima del mundo artístico con seis discos. Era la época de Romance, su primera recopilación de boleros, que le significó la mayor expansión de su carrera: varios millones de copias vendidas en una lista de países que incluyó zonas tan variadas como Japón, Dinamarca, Indonesia, Grecia, Singapur, Hong Kong y Turquía.

Era la época de probar con nuevas melodías. Éxitos como Palabra de honor o La incondicional le permitieron lanzarse a probar nuevas ideas y se decidió por revivir una antigua pero romántica melodía. Cuenta Daniel Maldonado, locutor del programa Placer culpable, de Radio Zero:

Los boleros fueron un experimento, un buen experimento. Manzanero estaba detrás suyo y se dio en un momento en que ese ritmo pegaba muy fuerte. Luis Miguel, con buen olfato, supo hacerla bien. Vendió mucho, la gente cantó con él, pero ahora está retomando el camino perdido, para volver a temas como La incondicional, una canción que tiene que ver más con él y con la gente que lo sigue de siempre.

Estoy vivo

Una de las tantas biografías no autorizadas de Luis Miguel, Luis mi rey, del periodista Javier León Herrera, relata con detalles las estrategias publicitarias utilizadas por el ídolo. Su éxito se vio muy influenciado por el perfecto manejo del equipo que capitaneaba Hugo López. Así reza el texto: Al filo de la ley, usaban todos los trucos publicitarios posibles. En junio de 1992, después de la presentación de Luis Miguel en el Auditorio Nacional de Ciudad de México, sus palabras fueron claras: No sé si darles las gracias o decirles que estoy vivo. El comentario hacía referencia a una campaña de prensa que se había originado y que abundaba en el rumor de que el cantante había fallecido, su cuerpo había sido congelado y un doble con playback le sustituía en las actuaciones. Aquella patraña, alimentada durante semanas y semanas, dio excelentes resultados comerciales porque ayudó a levantar considerablemente la expectación. En tres horas agotaron las localidades del concierto.

Era sólo una muestra de su carisma, de esa imagen que, según Camilo Fernández, se parece a la de un dios del Olimpo, muy lejano pero siempre aceptado. Y cómo no, si desde sus inicios supo darle en el gusto a su público con la más fácil estrategia que podía plantearse: crecer con sus fans. Daniel Maldonado argumenta: Cuando partió, a los doce años, cantaba temas para niños de doce años. Ahora, que tiene veintinueve, le canta a un público de esa edad. Él va creciendo con su público. Su público lo ve como si tuviera su misma edad, como un tipo de éxito, que le va bien con las mujeres, que tiene plata y que más encima canta bien.

Apenas supo que en sus manos brillaba el talento de un rey Midas, Luis Miguel se decidió a coproducir sus discos. Aries, editado en 1993, fue completamente producido por él, para lo cual formó su propia compañía, Aries Producciones. Esta funcionaba en un edificio lujosísimo ubicado en el exclusivo barrio residencial de Bosques de la Loma, en la zona norte de la capital mexicana. Por esa misma fecha, el artista renegoció su contrato con el sello Warner, el que estará vigente hasta el 2000 y que asciende a veinte millones de dólares. Sólo ahora, sin embargo, se está aventurando en la escritura y composición de canciones, que llevan su autoría por primera vez en su último álbum, Amarte es un placer.

En el mismo momento en que se metió con pies y manos en la producción discográfica, decidió cambiar su estilo de trabajo y rodearse, más que de empleados, de personas de confianza. Por eso, desde 1996, su representante es Alejandro Assensi, amigo de infancia, con el que encaja a la perfección. El cantante toma todas las decisiones, pero su manager recibe cada trámite y proposición. También lo alivia del acoso del que es víctima constante, porque impide cualquier acercamiento con el artista. Lamentable para las fans, que lo odian a muerte porque le niega la entrada a cualquier mujer.

Toda esta protección, sin embargo, no le ha prohibido tener muchas relaciones de parejas. Tantas, que ya ni se sabe cuáles han sido reales y cuáles sólo producto del marketing. En los inicios de su carrera, se lo vinculó con las también juveniles estrellas mexicanas Sasha y Lucero. Los rumores aseguraron que el mexicano finalmente premió a Adela Noriega, una fan imbatible, permitiéndole pasar algunas noches de amor con él. Las mujeres mayores tampoco quedaron fuera de sus conquistas: Brigitte Nielsen y Lucía Méndez habrían sido algo más que amigas del ídolo mexicano. Pero la primera demostración pública de afecto la obtuvo Mariana Yazbek, una fotógrafa que conoció poco antes de filmar el video de Cuando calienta el sol y que trabajó para él por expresa petición del artista. Vivieron juntos entre 1987 y 1991, pero sus asesores lo separaron argumentando que ella lo distraía.

Luego vinieron Erika Camil, hija de un empresario argentino y madre chilena, y la modelo Paula DAgosti. Sólo entonces debutó la famosa historia con Daisy Fuentes, la modelo y videojockey de MTV, con quien duró varios años e hizo creer que pronto sonarían campanas. Hasta que apareció Mariah Carey, la cantante mestiza norteamericana con la que viene a Chile. Luis Miguel parece estar realmente enamorado. Así lo dicen las fotografías y así lo ha demostrado, protegiéndola de cualquier insidioso comentario.

El Sinatra latino

La independencia con la que actúa Luis Miguel es abismante. A tal nivel llega esa actitud que cuando Televisa intentó presionarlo para presentarse en el programa Siempre en domingo, Luis Miguel se negó. Eso resultó toda una audacia en México, porque Televisa ejerce una influencia tal entre los artistas nacionales que algunos han llegado a romper otros contratos por temor a las represalias de la cadena. Micky, en cambio, ni se inmutó con la amenaza de ser vetado en todos los medios que esta manejaba.

En cuanto a sus asesores musicales, todo indica que sí hay bastante manejo de influencias por parte de los veteranos Armando Manzanero, Juan Carlos Calderón, Rudy Pérez y Alejandro Lerner, porque los compositores mexicanos más jóvenes y vanguardistas alegan que se les impide ofrecer sus trabajos a Luis Miguel. La conclusión es que lo sobreprotegen, y a eso se atribuye que aún esté grabando los mismos sonidos ochenteros desde Un hombre busca una mujer.

Pero su talento opaca cualquier intento que hubiese por restringir su éxito a la simple ecuación de esfuerzo + oportunidades = estrellato. Él sabe manejar sus ventajas comparativas. No tiene que preparar la voz antes de una canción, graba y graba hasta mejorar el más mínimo detalle, y en sus presentaciones ese perfeccionismo se nota. Sus dotes de gran cantante también están archiprobadas: al cantar bolero, Luis Miguel hace uso del rubato, una sutileza dentro de esta música que pocos son capaces de lucir.

Mantuvo por cuatro años su equipo de ochenta personas que lo acompañaban a las giras. Y aunque el staff ha sufrido algunas modificaciones, hasta hoy lo integran mayoritariamente latinos.

No por nada y mal que le pese a Ricky Martin figura como el artista latino que más discos ha vendido en el mundo, con cuarenta millones de copias. De su último disco, Amarte es un placer, ya ha vendido tres millones y consiguió triple platino por sus ventas en Chile (76 mil copias en un mes y medio). Fue el primero en llenar el Madison Square Garden de Nueva York, en repletar cuatro conciertos en el Universal Amphitheater en Los Ángeles y diez noches consecutivas en el Auditorio Nacional de México.

Para no desmerecer el esfuerzo de otro latino superstar, Ricky Martin, hay que recordar que este triunfa en España, Francia y Estados Unidos, y que incluso ha actuado en Broadway. Su show más caliente, menos conservador tal vez supere al de Luis Miguel, especialmente porque pone énfasis en el despliegue corporal mientras que Micky cultiva un look más clásico y formal. Pero hay unanimidad en que la voz del mexicano es única. En palabras de Camilo Fernández, desde un punto de vista crítico, Luis Miguel es más cantante. Y su estrella dio una señal clara: el propio Frank Sinatra lo catalogó como su sucesor, diciendo que si hubiese nacido un Sinatra en Latinoamérica, este se llamaría Luis Miguel.

En esta visita a Chile, el cantante prometió que vendría con los músicos que grabaron Amarte es un placer, para entregar la misma calidad de sonido. La larga gira partió este septiembre recién pasado y termina en junio del 2000, con actuaciones en más de ochenta ciudades de Latinoamérica y España.

En ocasiones anteriores se pusieron a su disposición seis buses, cinco autos privados, siete vans con vidrios polarizados y un minibús alerta las veinticuatro horas del día. Para esta vez, la productora DG Medios sólo reconoce, como exigencias, un par de limusinas y transporte para el resto del equipo, que no pasaría de las cincuenta personas. Pero eso no importa. En la misma productora reconocen que moverían cielo y tierra para complacerlo. No faltaba más.

Las manías de un querubínSu vida da para varias biografías no autorizadas, tantas como la lista de excentricidades que lo caracterizan. Veamos:

Cuando se inició como cantante profesional, a principios de los ochenta, su ropa y manejo escénico eran una oda de dudoso gusto. El adolescente Luis Miguel se vestía de galán súper elegante, con bufandas de seda blanca, haciendo juego con un esmoquin negro o blanco, dependiendo de la ocasión. Su sonrisa dispareja y el pelo alborotado formaban parte del estudiado look, que bajo estricta tutela de Luisito Rey, el padre el joven artista aplicaba en cada aparición pública. Amén del discurso que traía preparado y que, con mucho, creían sólo sus fans más acérrimas. Me siento tan feliz con la vida que llevo, decía, a los trece, cuando en vez de ir al colegio o jugar a la pelota, Luismi dividía su tiempo en agotadoras giras, clases de baile y grabaciones varias.

A él no le importa nada. Es amo y señor de su propia leyenda. Como cuando en 1992, en un recital en el Estadio Nacional, en Santiago, llegó y se fue en helicóptero, en un golpe escénico de aquí estoy yo, aun cuando los de acá se motivaban poco por él en ese entonces y medio estadio estaba vacío.

El premiado

Casi lo han convertido en el regalón de la música internacional. En forma abrumadora, Luis Miguel ha ganado cuatro Grammys y ha vendido más de treinta y cinco millones de discos hasta ahora. El primero de los Grammys lo ganó, en 1985, gracias a su segundo dueto (el primero fue con Lucerito) por el tema Me gustas tal como eres, con Sheena Easton. Ese mismo año obtuvo una antorcha de plata en el Festival de Viña y el segundo lugar en el de San Remo.

Al año siguiente se repite el plato en Viña con dos antorchas de plata; el premio Excelencia Europea, en España; y su primer World Music Award (de un total de cuatro), siendo el primer latino en recibir tal reconocimiento. Fue el primer artista latino en recibir un disco de oro en Estados Unidos por un álbum en español, y en 1992, lo distinguieron con el premio MTV por su canción América. Cuando apareció Romance, obtuvo tres Billboards y en Chile le dieron El Laurel de Oro por mejor álbum del año. Fue el único artista latino invitado a la clausura de la Expo Sevilla. Y en 1996 obtuvo su estrella en el Hollywood Walk of Fame, del bulevar de la capital del cine. En ese minuto pasó a ser el cantante latino mejor pagado de Las Vegas.



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