Aunque duela, hay que decir la verdad: hasta entre los perros hay razas y no todos somos iguales. Por eso
Luis Miguel visitó a Jacobo Zabludovsky en su cabina de radio.
A mí la noticia me dejó sin habla, primero porque me dio un gustazo y también porque cuando a los "videntes"
se nos cumplen los vaticinios, siempre nos quedamos en shock, sobre todo con fenómenos extraños.
Lo paranormal radica en que la última vez que el cantante estuvo en un estudio de tele fue en los 90 cuando
lanzó 20 Años y en una cabina de radio, mucho antes. Esa es la cosa.
Hace 2 años le pasé a Jacobo un mensaje de Rebeca de Alba muy misteriosón, tipo "dile que Micky ya sabe de
nuestro asunto". Desde luego la entrevista ahora histórica, tiene que ver más con la categoría y la trayectoria
de Jacobo, que con alguna truculencia. Y claro, es resultado del ánimo y los gustos del cantante, que de paso,
así se vengó de varios.
Con eso de que Luis Miguel eligió personalmente a Jacobo, algunos periodistas quedaron muy afectados moralmente
(ah, qué divertida es la envidia), dado que la mayoría trae como **no_disponible** profesional entrevistarlo
o por lo menos tener un acercamientito, mínimo un rozón, con él. Ni modo, chatos.
Hablando de las aproximaciones, el guapo que lleva a "México en la Piel" siempre provoca sacudidas. Por ejemplo,
un día después, todo era algarabía en la oficina del programa De Una a Tres.
Todas se reían solas: la secretaria (Marisol), la coordinadora (Maricarmen) y hasta el productor (Arturo Corona)
quienes estaban felices con el detallazo, el "taco de ojo" y los besos que repartió el carismático, lindo y con
mucha personalidad, que estuvo por ahí.
Eso sí, por favor no crean que ahora es populachero. No, por favor. Lo de Jacobo fue especial y todo un deleite
escuchar a dos grandes platicar de lo de siempre, pero distinto.
La conclusión que saqué fue que Luis Miguel cerrará así la etapa terrenal y volverá a su sitio recóndito porque
periodísticamente hablando, arriba de Zabludovsky no hay nadie más, y estaría muy raro irse en reversa con el
escalafón de entrevistadores.
Hay que mantener los estándares de figura y el aire de mito. Ahí está la clave. No nos va a venir a romper la
ilusión, codeándose hasta con mi tía Soco a estas alturas de la vida. ¿O qué?
No quiero que vayan a pensar que soy una fanática desmecatada. Lo que pasa es que uno tampoco se puede pasar
los días criticándolo todo.