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Muestra Luis Miguel su más preciado don: su voz

Juan Carlos Moctezuma R. / www.suracapulco.com.mx
03/10/2006

Después de 15 años de no hacerlo, el viernes por la noche Luis Miguel se presentó en un escenario acapulqueño como parte de su gira México en la piel-Luis Miguel Tour 2005-2006 en un concierto que tuvo lugar en un área del complejo Mayan Lakes del Acapulco Diamante, cerca del mar y bajo una fresca noche de media luna y estrellas tintileantes que ni el cantante ni el público pudieron hacer más cálida.

El artista de 35 años actuó ante unas 2 mil 500 personas y durante la hora con 45 minutos que duró su espectáculo cantó 28 números musicales –entre ellos tres popurris–, de sus éxitos que lo han convertido en el intérprete más importante de México en las últimas dos décadas y usó tres atuendos diferentes.

El cantante cumplió –a secas– con lo esperado por una perfumada audiencia que pagó entre 3 mil y 4 mil pesos por tener un lugar en la cena show que prometía una velada inolvidable.

Las secciones VIP, Platino y Plata lucieron repletas, no así la de Oro, en donde quedaron vacías unas 200 localidades.

Los preámbulos

Desde las 6 de la tarde en la avendida Costera Las Palmas entró en marcha un plan vial que restringía y desviaba la entrada a vehículos en la zona del hotel Grand Mayan. Muchos de los trabajadores de la construcciones de esa zona del Acapulco Diamante, permanecían en las paradas del servicio colectivo sin saber qué hacer. Al parecer nadie les avisó de la medida.

El concierto tuvo lugar en un área ubicada a un kilómetro del hotel Grand Mayan. Desde ahí transportaban en pullmans de lujo a los portadores de boletos VIP. Los otros podían llegar en sus propios vehículos.

A esa ahora ya había una docena de personas formadas en la entrada al área de unos 300 por 200 metros en donde se colocaron las mesas y las sillas para los asistentes al concierto.

A las 7 en punto se abrieron las puertas de acceso a un público que, a pesar de su condición de clase pudiente, no pudo evitar hacer cola hasta en tres ocasiones para poder entrar a disfrutar del espectáculo.

What you hear is what you get

Luis Miguel ofreció esa noche un amplio repertorio musical de su innegable talento como cantante: desde sus boleros reciclados, hasta la recuperación de la música vernácula mexicana. Pasando por su brillante pop romántico y hasta su vena R&B en rítmicas canciones.

En otras palabras recordó su etapa de cantante símbolo del neoliberalismo ochentero; su imagen de crooner romántico de fin del siglo XX y su condición de charro metrosexual del nuevo siglo.

Bronceado, con su blanquísima sonrisa y su donaire natural, Luis Miguel demostró que su don más preciado, su voz, sigue incólume y lo demostró en un espectáculo en la que se acompañó solamente por ocho músicos en la primera parte del concierto y 11 mariachis, en la segunda.

Su voz se llevó la noche, fue por lo que la gente pagó por oír y vaya que salieron satisfechos.

El sonido de los metales de Qué nivel de mujer, rompió la noche en punto de las 10 con ocho minutos. Después vinieron Dame tu amor y Suave.

–Gracias Acapulco, me da gusto estar aquí después de 10 años de no cantar en Acapulco –dijo a manera de saludo aunque, en realidad, no lo había hecho desde 1991, cuando formó parte del elenco del Festival Acapulco de ese año.

Ataviado con un elegante traje oscuro y camisa blanca con motivos negros, Luis Miguel entró de llenó a los boleros con un popurri que muchos de los asistentes cantaron: No me platiques más, Contigo en la distancia, Usted, La puerta y La barca.

Continuó con No se tú, Inolvidable, El día que me quieras, Nosotros, Por debajo de la mesa y La gloria eres tú.

Aún cantó varios boleros más –Perfidia y Bésame mucho entre ellos– antes de terminar esa primera parte del concierto.

Luego apareció en escena el maricahi de 11 músicos que lo acompañó en la interpretación de los temas de su nuevo disco y motivo de la gira México en la piel.

Vestido con un ajustado pantalón de charro y una camisa de seda negra, el cantante comenzó esta parte del show con Viajero y la continuó con México en la piel, mientras en la pantalla de fondo ondeaba una bandera mexicana.

Siguió con populares temas como De qué manera te olvido y un clásico de José Alfredo Jiménez: Que seas feliz.

Aquí sí los señores se decidieron unir al coro que hasta ese momento sólo había tenido voces femeninas.

Con Sabes una cosa el ambiente aumentó, pero nunca llegó a prender realmente a los asistentes. Vamos, ni siquiera cuando del techo del escenario cayeron papeles multicolores la gente respondió con ánimo de fiesta.

Quizá fue el sereno, pero al parecer el público que asistió esa noche al espectáculo, se mantuvo un tanto distante cuando a las 11:32, el cantante se despidió. Desganados gritos pedían el regreso del cantante al escenario quien, por supuesto que regresó.

La Bikina y Mi ciudad, fueron entregadas por el cantante quien, después, se volvió a retirar.

Nuevos aplausos y cientos de servilletas blancas al aire, volvieron a pedir su regreso.

Cuando todo mundo pensaba que ya no cantaría, Luis Miguel reapareció por última vez –enfundado en un pantalón negro y una camisa plateada– y entonces sí, con Decídete, Muchachos de hoy, Ahora te puedes marchar, La chica del bikini azul, Isabel y Cuando calienta el sol, el cantante terminó su actuación a las 11: 55 de la noche.

El escenario

Las proporciones del escenario en donde se presentó el cantante fueron de 60 por 40 pies y 15 metros de altura.
En él se montó una estrctura metálica de 40 metros rematada por un techo también metálico de 8 toneladas de peso que lllegó por barco de Argentina. El equipo que se utilizó pesó en total 68 toneladas.
El equipo de iluminación constó de 125 luces robóticas.
El escenario estaba compuesto por la fachada de una casa rústica tipo hacienda en cuya parte superior colocaron una pantalla de video gigante que siguió las evoluciones del cantante durante todo el concierto. (JCMR).

La cena y la bebida

Los asistentes al concierto de Luis Miguel fueron acomodados en cuatro secciones: VIP, Oro, Plata y Platino.
Dependiendo de la ubicación el costo del boleto fue de entre 3 mil y 4 mil 500 pesos, aunque los últimos días hubo una promoción de dos por uno en algunas de esas secciones.
Por ese pago los asistentes tenían derecho a una cena y a una botella de vino por mesa.
La cena fue de tres tiempos y consistió, el primero, en ensalada de espárragos con salmón y aderezo de hierbas finas.
En el segundo tiempo, el plato fuerte, sirvieron pechuga de pollo relleno de queso gruyere en salsa de mango.
Y el tercer tiempo, el postre, consistió en mousse de maracuyá con salsa de fresa.
La carta de vinos y bebidas se cobró aparte.
Así si uno quería entrar en calor con los boleros tropicales, una botella de ron Havana costaba 960 pesos.
Si con la música de mariachi salía el valor mexicano que todos llevamos dentro, se podía atemperar con una botella de tequila Viuda de Romero reposado de mil 100 pesos.
Para los más sofisticados, una botella de whisky Chivas Regal salía en 2 mil 200 pesos y un cognac Martell. 2 mil 500. (JCMR).

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