Invitada "personal e intransferiblemente" a una noche de gala en el Museo Nacional de Arte (Munal),
me preparé a divertirme en grande porque la fiesta prometía: la presentación del nuevo disco de Luis Miguel,
México en la Piel.
Desde la entrada al palacio, ya había nerviosismo exótico de fans, público y periodistas por ver al cantante;
por ejemplo, decenas de reporteras que seguramente traían en la cajuela listo el vestido de novia por si
Luis Miguel les proponía matrimonio.
El único "personaje" quieto era el Caballito del arquitecto Tolsá, que aunque lleva ahí como 200 años,
los invitados le hicieron poco caso. A mí me llamó la atención porque me hizo meditar profundamente en
quién será más famoso en el mundo ¿Luis Miguel o la estatua?
La respuesta es impactante, pero real: por lo menos anoche la historia de Carlos IV era irrelevante porque
todos querían saber ¿vendrá vestido de charro? ¿cómo será su nuevo peinado? (cosa importantísima), ¿habrá
tronado con Myrka?
Ésas y otras dudas bastante ociosas se despejaron cuando apareció Luis Miguel, el hombre que provoca delirios
y aguanta lo que sea, hasta anunciar chocolates carísimos al estilo James Bond.
Desde luego, el protagonista del evento no iba a salir de la nada y decir "buenas noches, mucho gusto". No.
Una de las grandes sorpresas de la noche fue ver a Jacobo Zabludovsky como presentador, ¿cómo les quedó el
ojo, eh? porque en el Munal la envidia intergremial adquirió una dimensión muy chistosa. Ya sabrán: a los
periodistas de espectáculos les entró el ce.lo de ¿por qué alguien de noticias? y los de noticias, que
también tienen un gran espíritu envidioso, preguntaron ¿por qué Zabludovsky?
A mí me gustó la elección porque, aparte de ser un maestro, Jacobo es encantador y fue de risa verles la
cara a los que se sintieron humillados.
El murmullo de pronto se convirtió en algo parecido a un rugido (había muchas mujeres en la sala) cuando
salió el cantante con la sonrisa perfecta y, como siempre, insuperable.
De traje negro elegantísimo, bronceado, de zapatos impecables y con nuevo corte de pelo, cosa que se
le agradece.
Que me perdonen José María Velasco, Hermenegildo Bustos, Rafael Coronel Rivera y otros artistas cuyas obras
se exhiben en el museo, por mis inclinaciones poco culturales. Pero Luis Miguel se convirtió ayer en la mejor
pieza del acervo del Munal. Lo bonito sería que lo dejaran como exposición permanente para verlo más seguido.
Con los periodistas habló de todo un poco, porque le preguntaron hasta por una hija que dicen que es su hija,
pero él nunca ha dicho que lo es.
No eran necesarias tantas explicaciones, pero como Luis Miguel tenía que mantener la imagen de caballeroso
que ha tenido por años, contestó a casi todo. Otro cantante por alguna pregunta de ésas los hubiera mandado
a volar.
Yo, para que no me acusen de poner el desorden, les cuento de México en la Piel. No es su disco más
vanguardista ni transgresor, pero es muy bueno. Mi canción favorita es "Sabes una Cosa", a lo mejor
porque me mandaron por email la versión en vivo de "Que Seas Feliz", grabada en un concierto en Las
Vegas ¡en el 97!, entonces comprenderán que ya la oí suficiente. Pero después de ver la premiere mundial
del video de la canción "El Viajero", también empieza a gustarme, porque con las imágenes, que son
espectaculares, y la enjundia que le puso Luis Miguel, la canción toma otra sentido.
Según don Jacobo, el nuevo disco de Luis Miguel es una afortunada aportación a la música mexicana. Según
los ánimos en la velada museográfica, hay opiniones encontradas, algunos piensan que es muy bueno y otros
opinan que es aburrido. Yo digo que Luis Miguel es lo más vistoso que se ha exhibido en el Munal, no es
un cantante cualquiera y por eso no canta mal las rancheras.