Ya todos lo conocemos: idolatrado por algunas mujeres, envidiado por muchos
hombres, huidizo con la prensa y el huésped perfecto de todo hotel, pues sus
gustos suelen ser exagerados y excéntricos. Así es Luis Miguel. Sin embargo,
cuando tiene que presentar un show no se anda con juegos. Si su tren de vida
es de primera; anoche, su concierto en la Explanada del Monumental, también
lo fue.
Aquel niño de largo cabello rubio que aprendió a cantar antes que a caminar,
jamás imaginó que llegaría tan lejos. Hoy es un hombre que lo tiene todo,
y ello, gracias a su voz. El tour 33 de Luis Miguel no es uno más, representa,
tal vez, el equilibrio entre lo que ha sido y lo que es.
Diez en punto de la noche, luego de una entrada impactante y algunas
canciones de su último álbum, el divo mexicano saludó a su público:
"Muchísimas gracias Lima, gracias Perú... Un abrazo a toda mi gente
que está en las graderías, y adelante, y en medio también". Después,
con clara emoción, expresó: "Esta es una noche de sentimientos encontrados.
Aquí se termina la gira 33 y me da gusto que culmine en Lima, con ustedes".
Con voz insegura, como si aún fuese un adolescente, Luis Miguel dejó revelar
algo de él y agradeció a sus fans por permitirle cantarles desde hace 22 años.
Luego, prometió recordar juntos algunos temas de su recargada trayectoria:
"Voy a cantarles temas que no he cantado en 15 o 18 años".
El espectáculo prometido comenzaba y el orden de las interpretaciones del
mexicano fluían de ligeras a enérgicas. Allí se escuchó el inmortal bolero "Perfidia", bien acompañado por sus músicos de una calidad excepcional, buen ejemplo de ello fue el suave remanso de una flauta cuando empieza el tema "Por debajo de la mesa".
Asimismo, se oyeron otros infaltables boleros como "Nosotros" o "La media
vuelta". Al inició, el artista prometió sus temas de antes y no los olvidó,
por más que cantase "Te voy a olvidar". La platea gozó con recuerdos como
"Entrégate", "La incondicional", "Lluvia", "Isabel" o "Cuando calienta el
sol" que pidió más, tanto así, que el mexicano salió a cantar luego de
haberse despedido, algo inusual en él. En fin, fueron casi dos horas
de un buen espectáculo. Luces, efectos, sonido y una buena voz lo confirmaron.