SANTIAGO, noviembre 14.- A eso de las dos de la tarde de hoy
llegué hasta el lobby del hotel San Cristóbal Tower, con la sola intención de
contactarme con algún miembro del equipo del mexicano y conocer más detalles
sobre su estadía en Chile.
Desde que llegó “El Sol”, como le dicen sus fans, casi no se le ha visto ni la
nariz. Sólo unas pocas personas compartieron con él anoche, en la única actividad
que realizó fuera del hotel, cuando partió a comer mariscos al restaurante de Coco
Pacheco.
Desde uno de los teléfonos que se encuentran en la recepción del lugar, llamé a
uno de sus manager para cumplir mi objetivo, sin embargo, él pidió –por medio de
la operadora- que le dejara un mensaje y que llamaría de vuelta. Hasta esta hora
no ha llamado...
Considerando lo anterior, y tomando en cuenta que me encontraba en el lugar de
los hechos, no quedaba más que actuar. En otras palabras, caminé hasta el ascensor
de la San Cristóbal Tower, torre del hotel que acoge al cantante.
SUBIENDO
No fue tarea fácil dar con el ascensor indicado y que me llevara directamente
hasta la habitación presidencial del hotel. Tras un par de vueltas, en donde
los ojos de los guardias y botones del hotel no dejaban de seguir mis pasos,
muy seria y con actitud de pasajero o -en otras palabras- de que pertenecía al
lugar, me aproximé hasta la torre.
Una vez allí, un botones que se encontraba junto al ascensor saludó cordialmente
a unos pasajeros y a mí. Por supuesto con una sonrisa -de oreja a oreja- le
devolví el saludo y una vez que se cerraron las puertas reflexioné: “estoy a
22 pisos de Luis Miguel... Cómo no le voy a poder decir ¡hola!”.
A mi derecha estaban los dos pasajeros de nacionalidad argentina, que subieron al
ascensor, y a mi izquierda un compañero de labores. Sin pensarlo dos veces, él
oprimió el piso 21, en vez del 22. ¿El motivo? Allí se encuentra el Tower Lounge
un restaurante que nos serviría como excusa, en caso de que alguien nos hubiese
seguido.
Luego de hacer vida social con la encargada del restaurante, decidimos llegar
hasta el objetivo... Luis Miguel.
FRENTE A LA INCERTIDUMBRE
Nos encontrábamos a un piso de distancia y lo único que teníamos claro era que
todo era incierto. Fueron segundos de nerviosismo, cuando en ese momento las
puertas del piso 22 se abrieron.
En la salida del ascensor un hombre corpulento y vestido de traje gris extendió
su mano pidiéndonos que detuviéramos nuestro andar. No todo podía ser como él
quería, así que nos animamos a descender del ascensor y esperar a un costado.
Rápidamente un contingente importante de guardaespaldas se movilizó. Lo que
ellos no sabían, era que nuestras intenciones de gritar y llorar por el ídolo
de adultos y adolescentes no estaban dentro de los planes.
DE POCAS PALABRAS
Con audífonos estilo manos libres, se comunicaron entre sí y cerca de cuatro
guardaespaldas llegaron hasta nosotros, además de un hombre alto, vestido de
traje negro, muy elegante, quien desde el lado izquierdo del ascensor –donde
está la suite de Luis Miguel- se asomó, nos observó brevemente y partió a la
habitación del artista.
Estábamos entre la espada y la pared, ya que con los gorilas encima -como le
llaman las fans a los guardaespaldas- prácticamente no teníamos alternativa.
Intentamos cruzar un par de palabras con ellos, pero muy concentrados en su
objetivo y su mirada sobre nosotros, sólo dijeron un par de cosas inconexas.
De pronto un guardaespaldas enorme llegó hasta el lugar y nos preguntó qué
hacíamos ahí. Sin pensarlo dos veces le dije “nada, venimos al restaurante
Tower Lounge y no entiendo por qué tanto operativo”. Él, por supuesto sin
creernos, oprimió el botón del ascensor y dijo muy serio, pero cortes, “por favor,
adelante”, indicando que debíamos bajar.
A dos pasos de Luis Miguel... pero como era predecible, su seguridad impidió
aproximarse hasta él.
EVA GÓMEZ, LA PERIODISTA QUE ANOCHE COMPARTIÓ CON LUIS MIGUEL
Hasta el momento la única persona que ha podido estar cerca del cantante, e incluso
departir con él, es Eva Gómez, una de las productoras del espacio S.Q.P.,
quien -con la ayuda de su amigo Coco Pacheco- se hizo pasar por anfitriona en
el restaurante del conocido chef y se preocupó de atender al artista.
Según relató Gómez en la transmisión del programa de hoy, tras cerca de una hora,
el artista la invitó a sentarse a la mesa y conversaron largo y tendido. Incluso,
la periodista de origen español, le cantó un par de sevillanas, a modo de agradar
al profesional mexicano.
Paula Hernández
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