El misterio envuelve la llegada de Luis Miguel y, a pocas horas de su presentación
en Córdoba, nadie arriesga precisiones sobre cuáles serán sus movimientos durante
su estadía en Argentina.
Se sabe que viene en un avión particular, que seis personas lo acompañan en su
entorno más cercano y que el “Tour 33” está marcado por una especial predilección
del mejicano por las velas de vainilla y el mutismo ante la prensa.
Desde Córdoba Show, la productora que organiza el concierto en Córdoba, se consignó
que hasta ahora no se han previsto conferencias con los medios ni contacto con fans
y hasta sería más que probable que Luismi llegue el mismo miércoles a Córdoba y
parta a Buenos Aires apenas termine el show.
En el hotel Sheraton, cadena que históricamente lo alberga durante sus escalas
argentinas, nadie atina a confirmar si hará noche en la ciudad o si sólo ocupará
alguna de las suites para acomodarse la corbata y planchar un par de camisas antes
de partir al Chateau.
Un plato de frutas frescas, una bicicleta fija, botellas de agua mineral Evián y
las infaltables velas de vainilla fueron los únicos requisitos de Luismi a la
productora local.
En Chile, la lista incluyó además un mozo personal, comida turca que antes de
ingerir debía pasar por la inspección de su ama de llaves personal, gruesas
cortinas negras en las ventanas de la habitación y un humidificador ambiental
para mantener sus vías respiratorias en óptimas condiciones.
Después de dos décadas de carrera, a nadie sorprenden las licencias de divismo y
no es descabellado pensar que el silencio en torno a su visita forme parte del
operativo de seguridad con el que se apunta a contener los desbordes de histeria
que suele provocar su presencia.
Imprevisible estrella
Aunque el año pasado llenó dos estadios de Vélez en Buenos Aires, su último paso
por Córdoba fue hace cuatro años. El 12 de noviembre de 1999, Luis Miguel convocó
a 20 mil personas en el Estadio Córdoba y, una hora después de lo previsto, subió
al escenario para entregar todo sin dar mayores explicaciones sobre la tardanza.
Dos años más tarde, una repentina pérdida de la voz lo obligó a suspender un
concierto en el Madison Square Garden de Nueva York, apenas media hora después
de comenzar. El papelón trascendió fronteras y la prensa habló de lo que parecía
ser el peor momento de su carrera, de una crisis inexplicable y de un supuesto
problema con las drogas.
Las mujeres, los romances desmentidos y la paternidad que mantiene en el secreto
más absoluto, son algunos de los temas tabú durante las ruedas de prensa que
otorga ocasionalmente. Con más de 45 millones de discos vendidos en todo el mundo
y rodeado de un halo que en vez de disuadir fanáticas potencia aún más su
magnetismo, la expectativa por su llegada hizo eco en cientos de llamadas
solicitando detalles sobre sus movimientos en Córdoba, lugar de alojamiento y
horario del arribo.
La indefinición es exasperante. Desde Chile, se dice que parte entre hoy y mañana,
aquí se informa que todo sucederá el miércoles, en Buenos Aires anticipan la
llegada para mañana, aunque la serie de conciertos arranca recién el viernes.
Si se tiene en cuenta que su estructura calcula hasta el más mínimo movimiento
de la estrella en el escenario –la rutina le indica cuándo acercarse al público,
cuándo hablar y qué decir– habrá que deducir que la imprevisibilidad es tan sólo
otra de sus estrategias.
Mientras tanto, la venta de entradas no se detiene y, de las 16 mil disponibles
en Córdoba, desde el 6 de octubre pasado ya se vendieron 14 mil para el show del
miércoles.
Poca pantalla
Quizá temeroso del acoso del periodismo rioplatense, anticipándose a la ola de
titulares que desatará su regreso al país o reposado en la seguridad de una
taquilla agotada, Luis Miguel redujo al mínimo indispensable el contacto con
la atmósfera argentina y es probable que los únicos momentos en que se lo pueda
ver sean los que transcurra arriba de los escenarios de Córdoba y Buenos Aires.
También habrá que descontar su aparición en la televisión nacional. La exclusividad
en la televisación de los conciertos en Vélez Sársfield (el 5, 6 y 7 de diciembre)
la tendrá Canal Trece y la transmisión será incluida en la programación del verano,
según se informó desde la oficina de prensa del canal.